Víctor del Árbol, literatura y emoción

16-abril-2015
Sin categoría- XI Edición

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Con un retraso de media hora, gentileza de Iberia, y después de haber recibido el suculento Pata Negra que premia a «Un millón de gotas» como la mejor novela negra de los últimos meses, Víctor del Árbol ha disertado en su intervención en el Congreso sobre su visión de la literatura, la escritura y la vida. Partiendo de la premisa de que él no se considera escritor de novela negra y de que, para él, no se ha de hablar de género, sino de literatura, su charla ha discurrido, como sus novelas, por diversos caminos que se han ido trenzando en una muy meditada concepción de su oficio y de la literatura como arte. A veces se olvida, y es bueno encontrarse con autores como Del Árbol para recordarlo, que la dimensión estética ha de primar en la literatura, que la literatura no es más -ni menos- que un arte que tiene como herramienta la palabra y que el «cómo» suele importar más que el «qué». Así sucede en «Un millón de gotas», en «Respirar por la herida» o en cualquiera de sus novelas, que revelan la importancia que para el autor tiene el aspecto formal.

Otro de los temas abordados por Víctor del Árbol ha sido el del papel de la literatura en la sociedad. El autor ha defendido el «valor civilizador» de la literatura, algo que observa en sus historias, a las que ha definido como una constante «contradicción entre lo que somos y lo que queremos ser». Quizá por eso los personajes que le interesan, y que pueblan las páginas de sus novelas -que son, sobre todo, novelas de personajes-, tienen esa normalidad que les hace presentarse alejados de cualquier rasgo épico, quizá porque la verdadera épica consiste en sobrevivir. Para Del Árbol, la cultura del «si puedes, quieres» ha hecho mucho daño en la sociedad, y sus novelas quieren hablar, entre otras cosas, de que eso no siempre tiene por que ser así. En la realidad, de hecho, se acostumbra a perder más que a ganar y el mundo no es en muchas ocasiones un lugar feliz. De ahí que haya definido el dolor como la «fuerza motriz» de sus novelas, algo que se observa sobre todo en las dos últimas, obras desgarradoras que no dejan indiferente al lector ni por lo que dicen ni por cómo lo dicen, y que evidencian que el mal, tal y como ha señalado el autor en su charla, existe y está entre nosotros. Así puede constatarlo cualquiera que haya leído «Un millón de gotas» y haya conocido esa historia de ideales frustrados y de luchas por la libertad en el convulso contexto de la Europa del siglo XX, del que no se ahorran detalles dramáticos, escabrosos y terribles como de la Guerra Civil Española, el campo de concentración de Argéles o el espantoso gulag de la isla de Nazino.

A través de la charla, Del Árbol ha ido desgranando una serie de nombres que explican su concepción de la literatura, y que demuestran, por un lado, por qué la suya es una obra que trasciende la novela negra, y por otro, cómo la única forma de haber buena literatura es partiendo de un sólido compromiso intelectual, humano y artístico con lo que se escribe. «La literatura -ha llegado a señalar- tiene que ser, por encima de todo, una cuestión de emoción». Camus, Solzhenityzn, Dostoievski, Cervantes o Chirbes han sido algunos de los referentes mencionados por Del Árbol para ilustrar cómo el antihéroe ha sido y es el gran personaje la narrativa universal, y como solo en aquellos que luchan contra las inclemencias aun sabiendo que no siempre se gana pueden encontrarse modelos que demuestren que la vida, aunque a veces reparta jamones, no siempre es fácil.

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