Subversiones del género en la última novela española

11-abril-2011
Sin categoría- VII Edición

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Edurne Portela, María Xexús Lama, Emilie Guyard y Stewart King

La segunda mesa dedicada a la novela ibérica nos trae nuevas voces para el género, con hibridaciones y cambios de registro narrativos. Edurne Portela, de la Lehigh University, incice en el carácter paródico de Si Sabino viviría, de Ibán Zaldúa, una obra que “desnuda hipocresías” en torno a los mitos del nacionalismo y al funcionamiento universitario. María Xesús Lama, de la Universitat de Barcelona, analiza la incursión de Manuel Rivas en una obra genérica que combina los rasgos propios de la novela de formación con los del relato policial, introduciendo a un héroe posmoderno que acaba por ser consciente de la lucha intelectual en un mundo ahogado por la corrupción. Emilie Guyard, de la Universidad de Pau, se ha interesado por la obra de Carlos Salem, invitado al congreso el pasado año, y a su carácter disparatado: acontecimientos oníricos e imposibles y una recurrencia al carácter metaficcional alejan a Salem de la forma clásica del género. Stewart King, de la Monash University, ha centrado su intervención en la obra de Jordi de Manuel, especialmente en su obra El olor de la lluvia, donde nos encontramos con un futuro próximo (2017) cláramente distópico debido a una catástrofe medioambiental.

Si Sabino viviría, de Ibán Zaldúa, muestra la hibridación del género negro, la novela de ficción y la novela histórica. En ella el humor y la parodia subvierten las convenciones tradicionales del género negro, al mismo tiempo que permiten mostrar el absurdo y la denuncia social. Así, la novela “desnuda hipocresías”, según palabras de Edurne Portela, en torno a los mitos del nacionalismo vasco y español, el mundo de la universidad y las diversas instituciones corruptas que confluyen en ella. Se trataría, según Portela, de “una crítica demoledora de los discursos nacionalistas”. La autorreflexividad paródica en torno a diversos asuntos es un elemento fundamental en la obra, irrumpiendo en los momentos de mayor tensión e impidiendo, conscientemente, que el lector se involucre intelectualmente en la interpretación de los hechos. Estas reflexiones que Zaldúa atribuye al protagonista, Cosmic Josemi, interrumpen el código del género negro, haciendo de la obra algo no estrictamente ceñido a éste. El futuro es otro de los elementos fundamentales de la novela y cumple la función de representante de los problemas que nos atañen en la sociedad actual, tales como la polarización nacionalista. El presente se muestra como algo ya pasado, creando así una especie de novela histórica del porvenir.

La novedad principal de esta Todo é silencio, de Manuel Rivas, según María Xesús Lama, sería la combinación de la novela de formación y la novela de formato policial. La acción de desarrolla en Noitiá, “un mundo ficcional que representa un espacio simbólico que podría tratarse de cualquier villa gallega”. En la primera parte se presenta la sociedad viciada y cerrada en la que habitan los personajes, un espacio simbólico que Kracauer denominó “vestíbulo de hotel” y que en la novela toma la forma la Taberna Mariscal, dominada por “El Capo”y la escuela Vindiana, representante de la corrupción. El narcotráfico y el crimen llegan a esta localidad en la que impera la llamada Ley del silencio que los tres jóvenes Víctor Rumbo, Leda y Fins Malpica tendrán que aprender para poder así sobrevivir en el mundo adulto. Estos personajes, como dice Lama, están presos del destino que los mueve, como “hilos en la sombra”. La primera parte no muestra rasgos de novela policial, como sí lo hará la segunda, en la que el lector asiste a una lucha continua entre el crimen y la justicia. En esta lucha, el protagonista Víctor Rumbo, se presenta como un antihéroe, un héroe posmoderno, combatiente solitario incapaz de restituir el orden; de esta manera Rivas rompe con los estereotipos propios del género policiaco. La insuficiencia de la lucha intelectual en un mundo ahogado por la corrupción, muestra el intento de lograr una sociedad distinta basada en la cultura, al mismo tiempo que ofrece una visión desesperanzada y catastrófica.

Las novelas de Salem presentan un mundo diegético comparable al mundo real, respetando así cierta ley mimética. Emilie Guyard habla de dos elementos que alejan a este autor y a sus novelas del grueso del canon negro. Por un lado da cabida en sus obras a acontecimientos imposibles, oníricos o irracionales que irrumpen las diversas situaciones de manera imprevista. En Camino de ida los personajes, los espacios y las situaciones son completamente “normales”, pero las aventuras de Octavio se hacen cada vez más insólitas, viviendo situaciones claramente descabezadas. En la novela Pero sigo siendo el rey, los nombres de localidades como Arroyo del Arroyar o Cabreriza de las Cabras muestran lo absurdo, el elemento que afirma la distinción respecto a las convenciones del género. El segundo aspecto a destacar en la novela de Salem sería la recurrencia a un discurso metaficcional que llama la atención sobre su propia forma, pero sin ocultar su condición ficcional. Esta metaficción, según analiza Guyard, se sostiene sobre diversas técnicas narrativas como el cambio de la persona verbal en el narrador y la introducción de personajes escritores que conversan sobre la literatura en general y el género negro en particular. Es en Pero sigo siendo el rey y Matar y guardar la ropa donde observamos estos dos fenómenos. La novela de Salem, a pesar de su irrealismo, describe al individuo, la soledad y la actual pérdida de valores. “Todo es mentira y elegir un camino es una ilusión”, según los personajes. La realidad siempre se pinta en tonos grises, introduciendo estas novelas un género gris, más que negro. Guyard concluye esta cuestión afirmando que se trata de un “rayo de luz que convierte el reino negro en gris”.

Así como la contemporaneidad y el pasado han sido los periodos protagonistas del género negro, Jordi de Manuel apuesta por el futuro en un conjunto de novelas que forman una especie de puzzle donde las piezas no siguen un orden cronológico, sino que será el lector quien construya el universo general. Stewart King se centra en la novela El olor de la lluvia, donde se nos presenta una Barcelona futura, permitiendo así al autor introducir elementos ficcionales. La novela gira en torno a la catástrofe medioambiental que sufre Catalunya, presentada como país, y muestra la distopía social en la que los personajes están inmersos. El autor pretende de este modo animar a los lectores a observar los elementos distópicos de la sociedad e intentar encontrar una solución, ya que la sensación última al cerrar el libro es la de la imposibilidad de resolver dichos problemas. El lector se verá incitado a actuar en contra de la destrucción ambiental que se cierne sobre ese espacio futuro que muestra la novela y que, quizás, no se esperaba que fuera así. El hecho de que se explicite que la acción se desarrolla en el 2017, según King, invita al lector a concienciarse sobre una actuación inmediata frente a los problemas actuales y futuros.

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