Su señoría levanta la sesión

5-mayo-2017
Noticias- XIII Edición

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Los jueces, como no podía ser de otra forma, se mueven y trabajan entre conceptos tan ambiguos, volátiles, como justicia y verdad. El suyo es un oficio de interludio, suya es la responsabilidad de tomar la decisión supuestamente justa en el momento y con la persona indicada. Así como el escritor, igual que el cineasta, el juez está condenado a moverse a tientas en un territorio donde las certezas brillan por su ausencia. Para hablarnos de su oficio, para dar a conocer y desmitificar las principales dinámicas de su trabajo, el juez de instrucción Gregorio Álvarez Álvarez, profesor también en el Grado de Criminología de la Facultad de Derecho de la Usal, ha ofrecido una didáctica conferencia plenaria que ha servido para levantar la sesión y dar carpetazo al sumario del XIII Congreso de Novela y Cine Negro.

El magistrado salmantino, tras recordar un congreso de jueces en el que contaron con la presencia de Manuel Vázquez Montalbán, ha querido recalcar ante todo que el suyo es un trabajo del que “no se puede hablar mucho”, obligados como están a “cumplir con el sigilo y la reserva”. A pesar de este irrenunciable voto de silencio sobre determinados aspectos de su profesión, Álvarez ha ido detallando el día a día de un juez de instrucción y sus principales cometidos. Relacionando su trabajo con la ficción criminal, ha señalado que las “narraciones procesales en el ámbito judicial” están determinadas siempre por la necesidad de aportar hechos antes que por el relato en sí.

Gregorio Álvarez ha repasado con detalle algunas de las principales tareas reservadas a los jueces de instrucción, a los que con ironía ha llegado a llamar “bazares chinos de la ley” por su capacidad para hacer de todo. Entre estas misiones ha ido desgranando una serie de ellas como instruir todas las causas por delito, hacer procedimiento de habeas corpus, realizar control de detenidos durante periodos de incomunicación, resolver sobre internamientos psiquiátricos urgentes, adoptar medidas cautelares sobre menores, autorizar trasplantes de órganos, decidir en temas de transfusiones de sangre o, para cerrar esta lista, ser la máxima autoridad y organizar el operativo en supuesto de catástrofe.

Sobre la investigación, principal tarea de los jueces de instrucción y aquella que acostumbra a despertar mayor interés, ha manifestado que estos magistrados están obligados a vivir en una “esquizofrenia” fruto de tener que aportar “toda la información posible, tanto para acusar como para defender”. Aunque ha reconocido que el juez puede ser un “personaje muy literario”, también ha aclarado que “su trabajo no es tal”. Entre los diferentes aspectos ligados a la investigación de un delito, Álvarez ha abordado elementos clave de su oficio como las formas de identificación, la credibilidad de los testigos, o las confesiones. En cuanto a su ámbito de trabajo, si bien ha reconocido que Salamanca es una “ciudad tranquila, aburrida para el crimen”, el juez de instrucción ha manifestado que algo también se mueve en la ciudad y que, a no mucho tardar, puede ser que aparezcan noticias en los medios de comunicación.

El juez salmantino ha insistido en la importancia de respetar la dignidad de los detenidos recordando al Quijote: “No maltrates de palabra a quien vayas a maltratar de obra”. Tambén ha apuntado que hoy en día es preciso “luchar contra la opinión pública que define lo que es verdad”. Al respecto, Álvarez ha señalado que la misión de los jueces “no es hacer justicia, sino resolver conflictos con las leyes y otras herramientas”. Citando a Manuel Atienza, ha dicho que los jueces pueden dividirse en tres categorías encarnadas en tres figuras mitológicas: Júpiter (formalista), Hércules (realista) y Hermes (mezcla entre los otros dos). De esta forma, defendiendo y haciendo pedagogía del trabajo de sus compañeros, obligados por ley a decidir, obligados a trabajar día tras día con los hechos, el magistrado Gregorio Álvarez ha recordado que “a veces los jueces se acercan a la idea de justicia”.

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