Realidades y ficciones con Nacho Faerna

6-mayo-2009
Sin categoría- V Edición

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Una de las características que se cumplen en un guionista, por lo menos en uno de los buenos, es la práctica de una reflexión constante sobre los mecanismos de la narración. Nacho Faerna lleva años trabajando en series de televisión, escribiendo para el cine y también algunas brillantes novelas y relatos. Su conferencia sirvió para proponer interesantes puntos de debate sobre la relación entre realidad y ficción en toda creación literaria y en el género negro en particular. Con un viaje que iba desde «A sangre fría» de Capote hasta «El adversario» de Jean-Claude Carriere, Faerna ha transitado por las novelas fronterizas que abordan la criminalidad y tienen en cuenta la realidad, demostrando la delgada línea que las separa de una inclusión genérica, y constatando además una paradoja: en un género al que se considera apegado a la realidad, se tiende a excluir a aquéllas obras que la incorporan de una manera más evidente.

¿Realidad o ficción? Según el enfoque de Nacho Faerna, ambas, sin duda. Porque ya desde los mitos fundacionales de todas las culturas, las narraciones se han basado en una determinada manera de ver el mundo real y, cuando los personajes que crean han alcanzado una trascendencia, su existencia real se convierte en algo secundario. Ocurre tanto con el Jesús del Nuevo Testamento como con el Alonso Quijano de «El Quijote». «La ficción nos sirve para ordenar el mundo, entenderlo, incluso para entender el desorden de la realidad», afirma el autor.

Faerna ha hecho especial hincapié en el compromiso moral del escritor al realizar ficción, un compromiso que asegura que casi ningún autor asume de antemano, pero que es inevitable: «La ficción no es impune, puedes contar lo que quieras, pero se adquiere un compromiso». Para ilustrar esa relación, esa posición del autor ante lo que cuenta, Faerna mencionó la meticulosidad de la descripción y la investigación de Truman Capote en «A sangre fría», que intentó iniciar un nuevo tipo de género pero «cuya actitud moral es dudosa, ya que deseaba que la realidad se amoldara a la literatura, con una objetividad muy relativa». El el extremo opuesto se encontraría pasando por «Elogiemos ahora a hombres famosos» de James Agee, un libro encargado por el gobierno americano para describir la vida de unos algodoneros de sur. Agee, atenazado por la responsabilidad de lo que suponía el encargo al sentirse mediador, asume la imposibilidad de realizarlo correctamente, aunque deja una de las novelas emblemáticas del siglo XX.

En esa línea también se sitúa «El adversario», de Jean-Claude Carriere, en la que el autor directamente se incluye en la narración como protagonista, evidenciando ante el público su presencia y descartando cualquier falsa impresión de objetividad. Se trata de utilizar las herramientas de la ficción para trabajar con el material real, algo que también ha hecho Javier Cercas en su último libro «Anatomía de un instante», que Faerna recomienda encarecidamente.

Por último, Nacho Faerna ha expresado una interesante paradoja, detectando que la raigambre realista y social de la novela negra se utiliza para darle una etiqueta de calidad. Él, que siguiendo la famosa frase de Cortázar «tengo un mal gusto exquisito», aprecia por igual cualquier obra más allá de su pretensión de «calidad», y entiende que la novela negra, en un gran porcentaje es un tipo de novela escapista. «La denuncia social implica una postura moral clara. Cuando quienes escriben novelas son tipos que han sido delincuentes o policías o gente con una vida turbia, no suele haber denuncia, no tienen un sentido social, sino un nihilismo enorme, como en el caso de Jim Thompson».

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