Pérez Millán abre el congreso deconstruyendo el cine clásico

5-mayo-2009
Sin categoría- V Edición

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Sin sobresaltos ni cambios de última hora sobre el horario previsto, el V Congreso de Novela y Cine Negro ha dado inicio. Después de la pertinente bendición de las autoridades académicas en la inauguración oficial, una proyección audiovisual con imágenes de cine negro a ritmo de Enrique Morente, Johnny Cash y Patti Smith ha dado el pistoletazo de salida al congreso.

La primera ponencia de la mañana ha sido la de Juan Antonio Pérez Millán, coordinador de la Filmoteca de Castilla y León, sede de la sala en la que se desarrolla el evento. Con la mirada puesta en el cine negro clásico que desarrolló la industria hollywodiense durante las décadas de 1930, 1940 y 1950, Pérez Millán ha analizado de qué forma el andamiaje formal de las películas implica mucho más de lo que una mirada neófita pudiera suponer. Sin que el espectador lo sepa ni sea consciente, miles de significados puede haber en una elección de plano o en una forma de encuadrar. De ahí que en la España de la posguerra todos los niños quisieran ser vaqueros y no indios, no sólo por el mensaje triunfalista que destilaban las acciones de los cow-boys -siempre victoriosos en su lucha contra los pieles rojas-, sino también por que los procedimientos para mostrar a unos y a otros en pantalla estaban regidos por criterios que tenían más que ver con la política con el simple ornato formal: ángulo picado para los empequeñecidos «malos», ángulo contrapicado para los grandiosos «buenos»; elegantes caballos para los impecables jinetes del Séptimo de Caballería, hambrientos jamelgos para los piojosos pieles rojas…

En el cine negro, tales procedimientos estuvieron especialmente condicionados por el férreo «código Hays», que obligó a los directores a hacer de sus películas en muchas ocasiones alegatos en favor del orden establecido y de la moral ultraconservadora. No sólo no había besos ni nada que pudiese inducir al espectador a pensamientos pecaminosos, sino que, por ejemplo, las películas de gansters siempre terminaban con la caída en desgracia del protagonista: el Cody Jarret de «Al rojo vivo» calcinado en una azotea o el Little Caesar de «Hampa Dorada» hundido en la más absoluta miseria. Y es que el criminal, al menos en el cine clásico, nunca gana.

Para terminar su intervención, el coordinador de la Filmoteca ha proyectado varias secuencias de dos películas míticas en el imaginario colectivo del cine negro, deconstruyendo sus procesos de creación para explicar su mensaje implícito. Así, el barroquismo del plano-secuencia inicial de «Sed de mal» ha sido interpretado como el símbolo de la ambigüedad de la que la película, como todo el cine de frontera, habla. Del mismo modo, las secuencias preliminares de «Los violentos años 20» fueron construidas formalmente, según Pérez Millán, para que el espectador, de modo inconsciente, interpretara el personaje interpretado por James Cagney como perfecto ejemplo de pardillo al que la sociedad, siempre culpable, corrompe para transformarlo en un mafioso de altos vuelos.

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