Nota roja en México DF

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Estamos en marcha. Después de la inauguración a cargo de las autoridades responsables y patrocinadoras del Congreso, el programa comienza a dejar frases, teorías y conocimientos sobre vertientes muy dispares del género negro. Juan Antonio Pérez Millán ha desgranado con precisión y abundancia de detalles las películas que se proyectarán como complemento a las charlas y conferencias. «Volando voy», la historia de Juan Carlos Delgado, «El Pera», al que esperamos para esta tarde; «La noche de los girasoles», ópera prima de Jorge Sánchez-Cabezudo, al que tendremos entre nosotros el jueves; y también dos clásicos de altura: «La jungla de asfalto», de Jonh Huston, y «Furia», de Fritz Lang.

Entre los escritores, el encargado de abrir el fuego ha sido Joaquín Guerrero-Casasola, escritor y guionista mexicano que desde hace unos años está afincado en Salamanca. Desde aquí ha publicado su primera novela, «Ley Garrote», Premio Editorial Roca, una historia dura en la que nos retrata a un México DF inquieto por una violencia difícil de domesticar. En su charla, titulada «Ciudad de México: crónica de los días rojos», Joaquín Guerrero ha querido huir de esa imagen estereotipada de la megalópolis (30 millones de habitantes) para buscar el paisaje vital de sus habitantes y de qué manera se entiende allí el crimen y, en última instancia, la muerte.

Reflejado de manera abundante en la narrativa y en menor medida en el cine, la crónica negra ha encontrado en el periodismo gráfico y la «nota roja» (páginas de sucesos) una narrativa que ficcionaliza el crimen, convirtiendo las crónicas periodísticas en auténticos cuentos. Al mismo tiempo, el escritor realiza un discurso sobre la construcción de una ciudad: de cómo alrededor de comienzos del siglo XX empiezan a llegar campesinos a la hasta entonces modesta urbe. Las casonas coloniales se convierten en albergues, pequeños apartamentos que promovían la convivencia familiar. El ciclo se cerraría en la actualidad, donde a través de un reportaje de actualidad, Guerrero-Casasola nos da a conocer el antiguo barrio de Tepito como un reducto donde las organizaciones de narcotraficantes viven como en auténticas fortalezas, rodeadas de hombres armados.

«La vida no vale nada» o «Vamos muriendo todos porque están enterrando gratis» son letras de canciones con las que el autor ha ilustrado el sentido de la muerte en la ciudad mexicana. Recorriendo películas, artículos de prensa y música, Joaquín Guerrero nos ha hecho bucear en la cultura popular y encontrar ese sentido de lo «negro» con el que parecen convivir sus habitantes. Especial mención ha realizado de la película «Los olvidados», de Luis Buñuel, a la que califica como auténtica película negra, donde por primera vez se pasa de la burla cómica del poder de filmes como los protagonizados por Cantinflas a enseñar los vertederos de los arrabales, la delincuencia juvenil de los barrios marginales, el poco futuro para las clases más desfavorecidas.

Ha sido una charla muy documentada y alejada de tópicos que cumple uno de esos alicientes de la buena novela negra: hacernos conocer otras realidades pasadas por el filtro de la ficción.

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