Nazis, monjes y realidad social: fronteras del género

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Juan Manuel Martín, José Martínez, Nuria Sánchez y Antonio Huertas

Comenzamos el congreso con una sesión de comunicaciones que conecta la novela negra con otros géneros literarios. Juan Manuel Martín, de la Universidad de Salamanca, ha analizado las obras de ficción criminal del británico Philip Kerr y el alemán Volker Kutsche –ambientadas en la alemania de los años veinte y treinta– como forma de comprobar las distintas miradas al pasado de cada autor y ver cómo fusionan novela negra y narración histórica. José Martínez Rubio, de la Universidad de Valencia, revela los casos reales que subyacen en dos ficciones: Enterrar a los muertos, de Ignacio Martínez de Pisón, y Cita a Sarajevo, de Francesc Bayarri. Ambos desean aproximarse a la verdad, incluso construirla, pasada or el filtro de la subjetividad y la ideología propia, en el que es el propio escritor quien toma el papel del detective investigador. Nuria Sánchez Villadangos, de la Universidad de León, se pregunta por el impulso que está tomando la última novela negra y sus ramificaciones, que abarcan géneros como la historia, la ciencia ficción y la novela social. Es este carácter social el objeto de su estudio: ¿en qué consiste lo social en obras de Philip Kerr, Lorenzo Silva, Markaris, Francisco González Ledesma o Veit Heinichen?

Juan Manuel Martín ha hablado de la importancia creciente de la literatura como fuente de recuerdo, ante la evidencia de la desaparición física de todos los testigos de la Segunda Guerra Mundial, y especialmente con la proliferación de relatos históricos que vivimos actualmente. Crisis económica, desempleo, antisemitismo, participación alemana en la guerra civil española, discrepancias en el seno del partido nazi… Kerr trata un amplio abanico de temas, contextualizadas en un gran arco temporal. Kutsche se centra en ese espíritu alemán dio origen al nazismo: puntos estrella del período contra la situación social y política que está en la base del período. Estas son las diferencias entre estos dos autores. Kerr interpreta ese personaje que se ha dado en llamar «el buen alemán» o «el otro alemán», cuyo paradigma es Schindler, popularizado por la película de Steven Spielberg. Mientras, Kutsche introduce, con todos sus planteamientos ideológicos y dudas que los humanizan, a personajes históricos clave de la política alemana de la época. Son novelas que pueden contribuir a la construcción de un imaginario colectivo, por ese proceso en el que el recuerdo tiende a alimentarse más de la ficción que de la propia historia.

José Martínez Rubio ha cerrado su intervención haciendo preguntas en torno a una palabra clave: ambigüedad. Esa es la característica de un tipo de narración que mezcla realidad y ficción, que rompe los pactos implícitos que se habían creado entre autor y lector. La docuficción toma la investigación como elemento principal. En la novela negra clásica, todo comienza con la muerte y asistimos a la investigación, llegamos cuanto todo ha ocurrido ya. En una obra como Cita a Sarajevo, incluso las pesquisas ya han tenido lugar. De esta manera, el narrador se sitúa en una posición en la que cuenta todo desde la memoria, es decir, desde la subjetividad. Una hipótesis sería: en una época donde lo preponderante es un «yo» que busca la historia colectiva, es más fácil de digerir una realidad mentirosa, ficticia, pero que crea un impacto, posee un poder simbólico, como aquella foto de Robert Kappa donde un miliciano cae abatido.

Antonio Huertas ha puesto orden en medio de esa inmensa estantería que acoge esos libros en tapa dura con ecos históricos sazonados de intriga. Partiendo del efecto que produjo El nombre de la rosa, de Umberto Eco, en 1980, Huertas constata que apenas se cultura la novela histórico-policíaca en España, porque se suele decantar hacia el primero de los ingredientes, e incluso culminan en algunos casos con una trama de aventuras tipo «en busca del tesoro», como Iacobus, de Matilde Asensi. El investigador señaló algunos de los rasgos característicos de este tipo de narrativa: el detective deviene monje, tanto por su amor por la verdad como por esa especie de supremacía moral que le otorga la pertenencia a la Iglesia; la investigación es un trasunto del método de conocimiento escolástico; la víctima suele ser un pecador que recibe no sólo las consecuencias de un plan criminal sino también un castigo divino. Por último, la presencia de un documento como eje principal o punto culminante de la intriga revela una mirada nostálgica hacia el manuscrito.

Nuria Sánchez Villadangos ha definido la novela negra como «el mejor escenario para las pasiones más oscuras., a la vez seductora y turbulenta». Su tesis es que lo social no sólo forma parte del género, sino que forma parte inherente de él. Bajo esta premisa, su comunicación ha consistido en un vívido repaso por el contenido social de algunos autores consolidados dentro del panorama contemporáneo: Lorenzo Silva y sus personajes buscando a toda costa una ambición económica de medio pelo; la descreída y nostálgica mirada de González Ledesma a las calles de Barcelona y a la lucha por las libertades mayores que se tapan con libertades menores. Philip Kerr o Petros Markaris son algunos de los autores mencionados también por la profesora leonesa.

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