Padura, Bermúdez y la literatura multicolor

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La segunda sesión de comunicaciones del congreso dedicada al estudio del neopolicial latinoamericano contó con la presencia de los profesores e investigadores Eilis Galagher, de la Universidad de Galway, Jafet Israel Lara, de la Universidad de Sevilla, y Adriana Sara Jastrzebska, de la Universidad de Bielsko-Biala. Mientras que las dos primeras ponencias se han centrado en la obra de dos autores concretos, el cubano Leonardo Padura y la mexicana María Elvira Bermúdez, la tercera ha intentado definir las señas de identidad la actual novela negra hispanoamericana.

Titulada “Memoria y desencanto en la obra de Leonardo Padura Fuentes”, la intervención de Eilis Galagher ha analizado la producción literaria de uno de los más destacados escritores cubanos del momento. Utilizando el andamiaje formal del género negro, las novelas protagonizadas por el detective Mario Conde sitúan al lector ante la cotidianeidad de La Habana de finales de la década de 1990, una ciudad en permanente parálisis por la caída del bloque comunista en Europa y en la que las carencias materiales y la asfixiante presión política hacen cada más complicado el día a día. Con ese contexto como telón de fondo, las novelas de Padura presentan a Conde enfrentado a diversos casos delictivos que acostumbran a mostrar los claroscuros de la sociedad y de un sistema que parece resquebrajarse por momentos. Alejada del maniqueísmo que emanan tanto las versiones gubernamentales como las del exilio de Miami, la visión que da Padura de la isla transpira autenticidad, quizá porque no se limita a contar cómo viven los personajes de la Cuba del presente, sino también como vivieron los del pasado. Así, el personaje de Conde, junto a algunos de sus amigos como El Flaco, expone la frustración de una generación –la de Padura- crecida a la sombra de la Revolución. Galagher se ha centrado en la novela Pasado perfecto para mostrar cómo el desencanto es una constante en la obra del escritor y en la personalidad de su personaje principal. La obra, ambientada en 1989, poco antes del inicio del Periodo Especial, comienza el día en que una llamada de teléfono arranca de la resaca al escéptico y desengañado policía Mario Conde para encargarle un misterioso caso: un destacado dirigente del Ministerio de Industria ha desaparecido. Además de poner en contacto al investigador con las corruptelas del sistema, el caso enfrenta a Conde con su pasado: décadas atrás, el desaparecido y el investigador habían coincidido en las aulas del instituto. Resolver el caso supondrá para Conde recuperar un tiempo pasado de utopías, esperanzas y deseos muy diferente a la cruda realidad del presente con la que ha convivir.

Demostrando que no hay mejor forma de conocer el presente que indagando en el pasado, la comunicación de Jafet Israel Lara ha reivindicado la figura de la escritora y teórica mexicana María Elvira Bermúdez, definida como “una de las figuras más importantes del género policíaco en México, a la que, lamentablemente, se ha olvidado y maltratado injustamente en numerosas ocasiones”. Además de analizar su novela “Diferentes razones tiene la muerte” y su cuento “Las cosas hablan” –y, con ellos, sus personajes Armando H. Zozaya y María Elena Morán, primera mujer investigadora que aparece en la literatura mexicana-, la comunicación de Jafet Israel Lara se ha centrado en el estudio de la obra teórica de Bermúdez. Al igual que grandes autores del género como Raymond Chandler o Manuel Vázquez Montalbán, la escritora mexicana no se limitó a crear literatura, sino que también se dedicó a reflexionar sobre los procesos de composición y, en concreto, sobre diversos aspectos del género negro –dividido según la autora en cuatro grandes categorías: novela de misterio, novela policiaca, novela criminal y novela paródica-. Ya en 1947 apareció su primer ensayo, convirtiéndose así en una de las primeras especialistas en explorar, analizar y, sobre todo, llevar a cabo una teoría de la narrativa policíaca desde un punto de vista mexicano.

En la última ponencia de la sesión, la profesora polaca Adriana Sara Jastrebska ha esbozado una innovadora y sugerente teoría para catalogar los heterogéneos caminos que en la actualidad está siguiendo el neopolicial, género de dimensiones casi infinitas en el que se da cita una gran variedad de discursos y modelos narrativos. Semejante diversidad ha llevado a Jastrebska a afirmar que el género latinoamericano se caracteriza por un carácter híbrido y multicolor del que participan la novela negra, la novela rosa y el amarillismo propio de la prensa amarilla. Para ejemplificar su teoría, en su ponencia ha ido analizando diversas novelas como “Pasado perfecto”, de Leonardo Padura, “Abril rojo”, de Santiago Roncagliolo, “Perder es cuestión de método”, de Santiago Gamboa o “Balas de plata”, de Élmer Mendoza, para concluir que el mestizaje colorista que aportan la introducción de elementos típicamente policiales con otros propios de géneros como el folletín o del reportaje periodístico no ha de esconder que prácticamente toda la literatura hispanoamericana actual parte de un denominador común: la representación de la violencia –gubernamental, mafiosa, del narcotráfico, etc.- que impera en las sociedades.

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