Manuel González de la Aleja, los mecanismos del crimen literario

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Manuel González de la Aleja, Profesor Titular del Departamento de Inglés de la Universidad de Salamanca, ha abierto la jornada de la mañana con una ponencia que ha puesto en cuestión, de una manera divertida y rigurosa, los mecanismos que diferencian al crimen real del crimen literario y que podrían resumirse en uno: en la novela, todo crimen acaba teniendo una explicación lógica que el detective debe encontrar. Gran conocedor de la cultura popular anglosajona, Manuel González de la Aleja ha ilustrado su tesis con todo tipo de ejemplos: desde los clásicos de la novela policíaca, a las revistas pulp del paso a la novela negra, el cómic, el cine y las series de televisión.

Partiendo de una famosa frase que Raymond Chandler escribió en su libro El simple arte de matar, una de cuyas ediciones en español está anotada por Manuel González, se ha descrito al detective como un personaje totalmente literario que define todo el género, un hombre –algo ya no necesario, porque hay hasta novelas de detective-gato– que se mueve en una sociedad que no le gusta pero en la que debe ser activo. La figura del detective-narrador y la eliminación de los elementos superfluos en el relato de la investigación son fenómenos que nacen en lo literario. Pero, ¿cómo de reales son los crímenes de las novelas? Éste es un tema candente en los estudios de la novela contemporánea y nuestro ponente ha avanzado algunas tipologías.

El crimen como círculo. Conan Doyle crea a Moriarty no sólo como un rival a la altura de Sherlock Holmes, sino como el origen de una causa para todo lo maligno contra lo que tiene que luchar. Al final –antes del último final resucitado– el bien y el mal terminan juntos en el fondo de una catarata.

La débil línea entre el bien y el mal. De la Aleja ha considerado que se está abusando de ese carácter extremadamente ambigüo del detective. Encontramos ejemplos en el cómic Watchmen, las novelas de Richard Stark, las dos caras actuales de Spiderman y, como punto álgido, la figura de Hannibal, de Thomas Harris, que pasa de psicópata a héroe a lo largo de la saga literaria.

El crimen como yo. Cuando la figura del detective eclipsa el retrato social de la novela, produciéndose una figura sobrerromantizada y sobreconstruida, como el protagonista de C.S.I. Miami.

El crimen de lo cotidiano. Se produce sobre todo en la novela europea, que puede considerarse como la única sucesora del momento de aquel espíritu clásico de la novela negra de los años veinte y treina americana. Manuel González de la Aleja recomendaría dentro de esta línea a Donna Leon como reflejo de la doble moral y el conflicto apariencias-realidad; Lorenzo Silva y el tema del enriquecimiento rápido; Dominique Manotti y la emigración; Henning Mankell y la violenta cara oculta de una sociedad civilizada y aburrida.

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