Manolo Giménez, la ley de la calle

31-mayo-2010
Sin categoría- VI Edición

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Manolo Giménez es un tipo grande y bonachón. Viéndole pasear por Salamanca, vestido de traje y con pinta de abuelo feliz, cuesta pensar que a lo largo de su trayectoria profesional haya tenido que enfrentarse a situaciones sórdidas, violentas y desagradables. Y es que, a pesar de que  la popularidad le haya venido por su participación en diversos medios de comunicación, Giménez es por encima de todo un policía. Como policía, de hecho, comenzó a colaborar en programas radiofónicos y televisivos, en los que intentaba, en su condición de portavoz de las Fuerzas de la Seguridad, una imagen de cercanía y confianza a la opinión pública. “Mientras yo fui portavoz -ha afirmado en su conferencia en el congreso-, la policía fue la segunda institución más valorada en España, sólo superada por la monarquía. Eso era porque llegábamos a la gente, porque nos veía como un servicio público en el que confiar y no una fuerza al servicio del poder.

Giménez ha comenzado su intervención recordando sus primeros pasos profesionales en la policía. De su primer caso aprendió lo importante que es fijarse en los pequeños detalles. Siendo un recién llegado, tuvo que ocuparse de la muerte de un chaval que había aparecido ahorcado en su casa. “Cuando llegué a la habitación en la que apareció el cadáver, me fijé en que un tomo de la enciclopedia que estaba en la estantería estaba ligeramente movido, como si alguien acabara de consultarlo. No parecía normal, pues aquella parecía una enciclopedía comprada, más que para leerla, para ordenar la estantería, pues el color del lomo hacía juego con el de los muebles de la casa y una gran capa de polvo la cubría. Cuando nos acercamos al tomo movido, descubrimos que tenía una página ligeramente doblada: era la de la entrada de la palabra “nudo”, complementada con un gráfico sobre los diferentes tipos de nudos. Aquel chaval se había suicidado y había tomado esas imágenes como modelo”. Pero no sólo de deducción viven los policías, como ha contado Giménez, que ha hecho referencias a muchas de las anécdotas vividas en la comisaría, como las denuncias por acoso a extratarrestes a las que regularmente se ha de antender o la que quiso poner a su mujer a su marido ante la imposibilidad de seguir su exagerado -y envidiable- ritmo sexual. También ha hablado del miedo y la de la violencia a los que se han de hacer frente en el desarrollo de las rutinas policiales. “Me compré un pistolón del estilo que llevaba Clint Eastwood en las películas de Harry el Sucio. Jamás tuve que utilizarlo, pero me sirvió para paliar mi miedo y para darme confianza cuando tenía que enfrentarme a los criminales. Era una forma de darme ánimos, de sentirme protegido… pero el miedo siempre te acompaña”.

De la policía pasó Giménez al periodismo. Escribió en revistas como “Interviú”, creó su propia publicación -“Así son las cosas”-, colaboró en diversos programas radiofónicos y llegó por fin a la gran pantalla de la mano de Arturo Pérez Reverte, con quien trabajó en “Código uno”. A partir de ese momento, su popularidad creció y su presencia fue cada vez más habitual en espacios televisivos, hasta el punto de ocuparse del magazine matutino de Televisión Española hasta hace un par de años. De su trabajo en los medios, Giménez ha evocado su paso por “Brigada Central”, la serie que dirigió Pedro Masó tomando como base los guiones del novelista Juan Madrid. Giménez trabajó con ambos como asesor, intentando que la imagen de la policía que se daba en la serie fuese lo más realista posible. Sus intentos, sin embargo, resultaron infructuosos, algo que, según Giménez, no repercutió en el buen tono general de la serie. “En la comisaría de “Brigada Central” todo eran gritos e insultos, allí había un barullo insoportable. Yo intenté hacer ver a Madrid y a Masó que aquello no podía ser así, que un personaje como el comisario Poveda, de permanente mala leche insultando a diestro y siniestro, ya no tenía cabida en la policía española, pero no hubo manera. Recuerdo que fuimos una mañana a la comisaría de la Brigada Central, la real, y todo era calma. Yo le decía a Masó: ¿Ves cómo no gritan, ves cómo todo es normal, como en cualquier oficina?. Pero el respondía: “Se callan porque estamos nosotros aquí, en cuanto nos vayamos empiezan con las voces. Fue imposible convencerle…”.

Giménez ha terminado su charla explicando su último proyecto profesional: la literatura. Tomado como base argumental casos en los que él participo, comenzó hace poco más de un año a escribir una saga de novelas policiacas protagonizadas por Esperanzo Salino, “un comisario a la antigua usanza que podría llevar a la pantalla Juan Diego o Santiago Ramos”. Las novelas están impregnadas del mismo didactismo que siempre ha caracterizado el trabajo de Giménez, empeñado en dar a conocer las particularidades de su trabajo, e incluyen un dossier final con información real de algunas de las pruebas que la policía ha de poner en práctica para resolver los casos. De esta forma, el lector puede entender cómo se toman las huellas dactilares, cómo se hace un informe de balística, cómo se trabaja con muestras de ADN, etc.

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