Lorenzo Silva: así que pasen diez años

17-abril-2015
Sin categoría- XI Edición

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Lorenzo Silva cerró la primera edición del Congreso, hace ya diez años, con una charla titulada «Teoría (informal) de la novela benemérita». Habló el autor en aquella edición de cómo surgió la idea de escribir una saga policiaca protagonizada por una pareja de guardias civiles y de las principales características de sus novelas. En aquel momento, ni el Congreso ni la novela negra eran lo que son hoy. El Congreso era un proyecto algo inconsciente y utópico que con el paso del tiempo ha logrado consolidarse en el ámbito académico y la novela negra, tal y como ha señalado Silva en su charla, era «algo marginal». «Hasta 2005 -ha señalado el autor- las editoriales no confiaban en la novela negra, y menos en la novela negra española. Se decía, sin mucho criterio ni datos fiables, que el techo de ventas de una novela negra eran 75.000 ejemplares». Todo cambió, según Silva, con la publicación de la trilogía de Stieg Larsson, de la que se despacharon seis millones y que convirtió al género en toda una referencia que todas las editoriales querían tener en su catálogo.

Para Silva, además del «efecto Larsson», hay otro factor que permite explicar el actual auge de la novela negra. Según el autor, el hecho de que los dos grandes hitos del género negro español hayan coincidido con la convulsa época de la Transición y con el actual contexto de crisis puede entenderse por su relación con la realidad. La novela negra, a la que ha definido como «la gran novela social de nuestro tiempo y de todos los tiempos», permitió a los autores de la generación de Vázquez Montalbán establecer un discurso crónico y político que explicaba, a su modo y desde su crítico punto de vista, lo que estaba ocurriendo en el país. Sin embargo, a partir de mediados de los ochenta el género entró en crisis. «Voté en unas elecciones por primera vez en 1986, y lo hizo con cierta sensación de desencanto», ha confesado Silva para explicar cómo el agotamiento de la ilusión de cambio colectivo de la Transición anestesió en cierto modo el país, y con ello a los autores de novela negra. La eclosión de los últimos años, por su parte, se explica por un contexto de derrumbe de un sistema por la crisis y la corrupción. «Cuando empecé a escribir, me costaba inventarme historias. De hecho, me obsesionaba terminar una novela por si no encontraba argumentos para la siguiente. Hoy, en cambio, leo los periódicos, veo lo que pasa y pienso que no voy a tener tiempo para escribir todo lo que está pasando». De hecho, hay en algunas de sus novelas pasajes que reflejan, o incluso anticipan lo que está ocurriendo en la realidad española». En «Los cuerpos extraños, por ejemplo, la última de la entregas de la serie Bevilacqua se narran el asesinato de una política y la detención de seis alcaldes del mismo partido por su implicación en una trama de corrupción a pesar de haber sido escrita antes de que la presidente de la Diputación de León, Isabel Carrasco, fuese abatida a tiros -«por un ama de casa: yo pongo eso en una novela y no se lo cree nadie», ha señalado el escritor para demostrar cómo la realidad, siempre, supera a la ficción- y de la operación Púnica. A pesar de todo, Silva ha sido escéptico sobre el futuro de la novela negra. «Nada es para siempre», ha señalado en la charla para explicar que los ciclos pasan y que, como ha ocurrido con otros géneros narrativos como el histórico, el éxito de la novela negra descenderá con el paso del tiempo, quizá no de forma radical, pero sí disminuyendo su importancia en los ámbitos literarios y editorial de forma progresiva en los próximos años.

Antes de este momento de auge, no obstante, las cosas eran muy diferentes. Silva ha aprovechado el aniversario de su primera presencia en el Congreso para recordar que en 2015 se cumplen veinte años de la publicación de su primera novela -«Noviembre sin violetas», a la que definido como un homenaje a Raymond Chandler y Marcel Proust- y de la finalización de la escritura de la primera novela de Bevilacqua y Chamorro. Aquella obra -«El lejano país de los estanques»- fue rechazada por varias editoriales, no tanto por cuestiones literarias, sino por la imposibilidad de ver salida comercial a una historia adscrita a un género en decadencia en aquel momento y, además, por estar protagonizada por dos agentes de la Guardia Civil. Silva ha recordado que los editores le decían que una novela con esos personajes sería rechazada por el público, sobre todo en Cataluña y el País Vasco. El tiempo, que da y quita razones, ha demostrado que no tenían razón, como demuestran no solo la buena acogida de una de las más populares series de la novela narrativa española, sino también casos anecdóticos pero muy significativos como el de una etarra que le confesó en una lectura una cárcel que «me jode que me gusten estas novelas protagonizadas por dos txakurras».

La charla ha terminado con la visión de Silva de su oficio -«el escritor es un anormal» que lleva a cabo un trabajo extraño, que «puede pasar 800 horas escribiendo y creando una historia», y que permanece enfrascado en esa mentira que es la ficción mientras en el mundo ocurren miles de cosas- y con algunas recomendaciones literarias que merece la pena tener en cuenta. El autor ha reivindicado la obra de Francisco García Pavón, al que ha definido como «el primer gran autor de la novela policiaca española» y de cuyas novelas ha afirmado que «tienen todos los elementos del género y están muy bien escritas, atesoran todo el léxico del mundo rural manchego, y ha señalado a Carlos Zanón y a Claudio Cerdán como dos de los nombres a seguir en la nueva novela negra española.

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