Lección magistral de un autodidacta

9-mayo-2019
Noticias- XV Edición

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Tras haberse proyectado el largometraje La caja 507, el coguionista de la obra, Michel Gaztambide, dio una clase magistral en el Salón de Actos de la Facultad de Traducción hablando del “proceso de cocción” de este visionario thriller político. Coguionista de este trabajo junto al director del mismo, Enrique Urbizu, y presente también en cintas como Vacas, No habrá paz para los malvados o Petra, Gaztambide es un profesional del guion. Un profesional autodidacta que no se mostró partidario de normas y estructuras convencionales al enfrentarse al guion de una película. En su conferencia titulada ‘La cocina de La caja 507’ llevó a cabo una clase magistral de cómo guionizar un film.

Comenzó destacando dos factores clave: una llamada inicial, intuitiva, “espectral”, en términos de Norman Mailer; y la desconfianza en uno mismo, pues “la imaginación se repite como el ajo” y es necesario dejar que el mundo exterior nos “contamine”. Ambos elementos estuvieron presentes en la “cocción” de La caja 507. La llamada inicial la recibió Enrique Urbizu en una estancia durante los 90 en La Costa del Sol en la que observó “una zona de brutales contrastes. Ricos y pobres, lujos desvergonzados y miserias vergonzantes…”. El proceso de contaminación, que se produce a través de una exhaustiva investigación, fue el aspecto más relevante de la charla.

Antes de profundizar en él, Gaztambide reflexionó sobre el thriller, un género de ficción ideal para retratar la realidad. Y si los cineastas hacen cine para reflejar y analizar la sociedad es porque son “ante todo, ciudadanos”. Ciudadanos que leen los periódicos. Periódicos que, durante los 90, antes incluso de la concepción, rodaje y estreno de esta película, ya mostraban –sin portadas, pero sin dejar lugar a dudas– cómo la corrupción política, la especulación inmobiliaria y las recalificaciones irregulares de terrenos eran el pan de cada día. Tendrían que pasar todavía varios años para que, tras el estallido de la crisis, los ciudadanos comenzaran a familiarizarse con estos conceptos y a indignarse por ellos.

Sin embargo, Gaztambide y Urbizu ya lo avisaron en este trabajo. Concebido inicialmente como una película de atracos con la corrupción política como telón de fondo, esta fue ganando relevancia a medida que iban sucediéndose versiones del guion. Hasta 17, según el propio Gaztambide.

Modesto Pardo, un personaje anodino: el español medio

La caja 507 gira alrededor de Modesto Pardo, director de una pequeña sucursal bancaria en el sur de Andalucía que, tras haber perdido siete años atrás a su hija en un incendio en el monte, descubre por casualidad, tras un traumático y violento robo, que su hija murió por culpa de un entramado de corrupción que salpicaba a políticos, policías, mafiosos, constructores y dueños de medios de comunicación. Ese hombre, hasta entonces embobado en las victorias de Induráin durante la época del “España va bien”, es cualquiera de nosotros. Un ciudadano anodino que solo despierta y entra en acción tras un hecho traumático. Lo que en la trama es la muerte de su hija, para los Modestos Pardos reales fueron las consecuencias de la crisis económica.

Armado con las gafas, el bolígrafo y los conocimientos numéricos que también portan los malvados corruptos, Modesto Pardo se convierte en el héroe que se enfrenta por venganza a toda una red criminal. Y, aunque es capaz de poner contra las cuerdas al poder, acaba envenenado por el sistema pues, como se lee en un periódico diegético –un titular extraído a su vez de un periódico real–, el sistema se nutre de nuestras “frágiles voluntades”.

Volviendo al proceso de “contaminación” o, en realidad, de investigación que dio lugar a esta obra, Gaztambide mostró un álbum con recortes de periódicos que recogieron para documentarse y dar forma al guion de La caja 507. Las recalificaciones de terreno, la especulación inmobiliaria o las empresas interpuestas en paraísos fiscales ya estaban ahí; también lo estaba Jesús Gil. Resulta sorprendente observar hoy, dos décadas después, el contenido de esas hojas que ya amarillean: no porque no supiéramos que ocurría, sino porque teníamos la capacidad de saberlo y no quisimos hacerlo, embelesados como estábamos en las victorias de Induráin y en las hipotecas que solicitábamos –y nos concedían– sin parar.

Esa fase de documentación fue más allá de los periódicos, y los conocimientos de Gaztambide sobre recalificaciones, leyes del suelo o incendios demuestran la ingente tarea que se esconde tras los dos años que les llevó construir este guion. Ahí también reside la explicación a la gran riqueza de detalles de la obra. Entre esos detalles hubo uno que no se incluyó por el riesgo de que fuera considerado inverosímil: fue el hecho de que la juez decano de Marbella, responsable de los litigios en los que estuvo involucrado el peculiar y fanfarrón Gil, era hija del socio del polémico alcalde en la realidad. Esto recuerda a lo que comentaba el comisario Lezaún el día anterior: hay momentos en los que la realidad es mucho más increíble que la ficción.

El cine son imágenes

Otra muestra de la riqueza y complejidad de la obra fue el resumen de la especulación que se realiza a través de cuatro imágenes: un paraje verde, uno en llamas, uno calcinado por el fuego y un entorno con edificaciones de lujo. Y es que para Gaztambide la imagen es, precisamente, un elemento central para el cine: “cineasta es el que puede contar la historia con imágenes”. En este sentido, la casi inexistencia de diálogos al principio de la película se debe a este poder de la imagen y a que “si no hay diálogos, el diálogo lo pone el espectador”. Un espectador que, para Gaztambide, es activo.

Con esta reflexión terminaba una jugosa y divertida charla que, por la intensidad y las limitaciones temporales del congreso, no pudo dar para más, por lo que la ronda de preguntas tuvo que celebrarse en torno a un café fuera de la sala.

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