La violencia y la identidad

26-abril-2018
Noticias- XIV Edición

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Edurne Portela y José Ovejero han cerrado la intensa jornada de hoy con dos exposiciones magníficas sobre la violencia en todas sus formas, literarias o reales, grandes o mínimas. Portela, nacida en Santurce en 1974 y autora del ensayo El eco de los disparos (Galaxia Gutenberg, 2016) y de la novela Mejor la ausencia (Galaxia Gutenberg, 2017), tras desarrollar una muy relevante carrera académica en los Estados Unidos regresó a España y se lanzó al abordaje del tema de la violencia política en su primer ensayo porque «la violencia en el País Vasco nos ha marcado en la vida más íntima». Tratándose esta de una proyección del conflicto político que «tuvo siempre un impacto directo en lo cotidiano», la autora señaló que escribió El eco de los disparos «buceando en mi propia memoria; yo nací en los años de los GAL, nuestros juegos de niños reproducían la violencia de los mayores». Este tema, al que no pudo enfrentarse como académica (Portela es especialista en poéticas del trauma y escrituras sobre la violencia) por las profundas implicaciones psicológicas que tuvo en la formación de su propia personalidad, no admitía otro tratamiento que el de situarse como escritora «literariamente en esa herida y en esa memoria», la que tiene que ver con los recuerdos. Recuerdos que relató a un público visiblemente impactado, como el de que «todos los miércoles corría del colegio a casa antes de que la ‘movida’ empezara», o el de cómo se enteró a la hora de la cena de que su pediatra, Santi Brouard, había sido asesinado. Portela leyó algunos pasajes de su novela Mejor la ausencia, en la que nos guía por una sociedad en la que se entremezclan varias violencias: la estructural, la política, la machista, a través de una ficción que le «da una libertad nueva que puede acercarnos a curar el dolor pero que aun así siempre se queda corta». Ante el dilema ético que comprende la representación de la violencia sin su reproducción, la escritura de la violencia («la violencia debe escribirse pero no puede escribirse»), la escritora señaló que la única manera que la hace posible y la justifica es «saber qué nos mueve a escribirla». Por lo tanto, ante la cuestión de si es aceptable que haya belleza en la representación de la violencia, Portela finalizó respondiendo que «sí, pero sin usar la violencia como juego literario, como paisaje, y entendiendo que la belleza también está en lo siniestro y que la ficción nos sirve para desnaturalizarla. La libertad creativa tiene que tener un sentido ético».  Por su parte, el madrileño José Ovejero (1958), autor de gran número de novelas, ensayos, obras de teatro, poemarios y cuentos, situó el origen de la violencia en la disociación que existe en la identidad de todo ser humano, que guarda invariablemente secretos o zonas de ocultación: «no es lo mismo lo que somos que lo que creemos que somos, ni lo que creemos que somos que el modo en que nos ven los demás». De ahí surgen tensiones de forma inevitable «que pueden, o no, llevarnos a la violencia». Esta se presenta en la literatura, generalmente, siguiendo la estrategia narrativa del suspense, «en la que hay una tensión lineal», aunque a él como narrador le interese más «el concepto de amenaza, de inminencia, de una inminencia amenazadora». Poniendo como ejemplo su obra Nunca pasa nada (Alfaguara, 2013), Ovejero demostró cómo en la apariencia normal y cotidiana de un núcleo familiar convencional pueden esconderse, tras las grietas de las distintas formas de identidad de cada uno de sus miembros, verdaderos focos de conflicto que desemboquen eventualmente en un estallido violento, o que simplemente permanezcan latentes en una suerte de ambiente contextual que termina por constituir esa «inminencia amenazadora» en la que el escritor madrileño elige insertar sus historias: «lo que me interesan son las atmósferas de algo incomprensible que nos rebasa, que nos hace sentir amenazados». Ambos, Portela y Ovejero, han terminado un documental, Vida y ficción (2018), que se estrenará en Salamanca, en la Casa de las Conchas, el próximo 25 de mayo dentro del marco de actividades del festival Facyl y que enfrenta a 16 escritores con los temas recurrentes de sus distintas literaturas. Entre ellos se encuentran Sergio del Molino, que nos visitó ayer en el Congreso Negro, Rosa Montero, Marta Sanz o Luisgé Martín. No os lo perdáis: si es solamente la mitad de bueno de lo que han sido hoy sus dos conferencias, habrá merecido la pena.

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