La perdurable atracción de la mujer fatal

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Beth A. Butler, Javier Voces, Isabel Barrios y Víctor Bermúdez

El arquetipo de la mujer fatal de las obras clásicas del género nos presentaba a una mujer que era a la vez víctima y verdugo, siempre presa de su belleza y sumida en un aura de fatalidad que envolvía a los personajes masculinos, siempre los verdaderos protagonistas. Uno de los temas que más interés suscitan hoy entre los investigadores del género es determinar ese papel femenino y observar sus cambios en una narrativa que ha cambiado junto a la sociedad. En esta primera mesa dedicada al tema, Víctor Bermúdez y Javier Voces –ambos colaboradores del congreso y miembros de la Universidad de Salamanca– analizan el origen y la vigencia de la «femme fatale» en el imaginario occidental con un rastreo de mitos clásicos e imágenes de la historia del arte. Isabel M. Barrios, también de esta universidad, centra su punto de vista en algunos ejemplos modernos del arquetipo femenino, que evidencian una mujer que no se asusta por su poder adquirido ni duda en hacer uso de él. La Catherine Tramell de Instinto básico o la Bridget Gregory/Wendy Kroy de The Last Seduction, son buenos ejemplos de ello. Y sobre la imagen también se centra la intervención de Beth A. Butler, de la Muskingum University, en ese moderno deseo de delgadez que en algunos casos acaba desembocando en una enfermedad, la anorexia. Jordi Sierra y Fabra (Las chicas del alambre) y Fernando Lalana (La muerte del cisne) han tratado este tema en los últimos años, una novela criminal pegada a la actualidad y con denuncia social de fondo.

«El seno y la daga» es el título de la propuesta de Víctor Bermúdez y Javier Voces, un intenso rastreo por los arquetipos literarios en busca de la mujer fatal y su representación en el arte. Textos e imágenes pictóricas se suceden reflejando ese mito construido que ellos han centrado en tres parejas de mujeres: Clitemnestra-Catalina, Jidith-Charlotte Corday (asesina de Marat) y Dalila-Mata Hari. Seducción y muerte unidas en un rol que aúna belleza y fatalidad: «Mi belleza fue una trampa», dice Judith tras asesinar a Holfernes para liberar a su pueblo. En un somero repaso cuyo alcance va más allá del tiempo asignado para las comunicaciones en un congreso de agenda apretada, este ejercicio de investigación cultural en busca de evidencias arroja algunos resultados palpables: la mujer fatal como proyección del universo masculino, el cambio de roles activo-pasivo que subvierte la relación hombre-mujer tradicional, la inteligencia aplicada a los propios fines, mitos que resuenan en obras contemporáneas… Pudo ser una daga y una cabeza cortada o una taza de te sabiamente aliñada con hierbas de la protagonista de Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta. Un universo literario y visual que nos indica que los estereotipos más usados hunden sus raíces en lo más profundo del tiempo.

Isabel M. Barrios trae la figura al presente, ubicándola en los años noventa y haciendo una comparación con la femme fatale de los relatos cinematográficos clásicos. Se observa una evolución con muchos recovecos para investigar después de que cambios significativos como la retirada de la autocensura en Hollywood con la abolición del Código Hays en 1968 o las distintas oleadas de ideología feminista. Diferencias, muchas: la mujer como objeto de la investigación y no mera comparsa; del punto de vista narrador masculino a uno más omnisciente y neutral en algunas ocasiones; el reconocimiento de la maldad de la mujer fatal por ella misma y desde el principio de la historia, no sólo cuando es descubierta; une estilo visual menos basado en el claroscuro, donde la mujer salía desde las sombras, sino en la penumbra que envuelve a ciudades y personajes. La ponencia se ha cerrado con la definición de otras tipologías de mujer literaria cercanas o derivadas de la femme faltal: la mujer redentora, buena en el fondo, inteligente para conseguir sus fines, pero capaz de comprometerse (Gilda o la protagonista de Femme Fatale, de Brian de Palma); la mujer araña, que teje una red alrededor del hombre, pero que también la atrapa a ella, como en el caso de la Norma Desmond de Sunset Boulevar, de Billy Wilder, o la Alex Forrest, de Atracción Fatal, de Adrian Lyne; y luego, la verdadera mujer fatal, que sabe estar en cada momento, que provoca una mezcla de seducción y repulsión, cuya ecuación sobre la felicidad es Libertad+Dinero, una mujer que sobrevive y consigue sus objetivos. La Wendy Kroy –uno nombre que se le ocurre al vuelo en un bar para engañar a el próximo hombre– de La última seducción, de John Dahl, con una inolvidable Linda Fiorentino, puede ser un gran ejemplo.

Junto a estas mujeres que pisan fuerte, Beth A. Butler ha analizado otra cara del rol femenino, esa que lleva a miles de jóvenes occidentales hasta la enfermedad para conseguir una extrema delgadez. La investigadora ha realizado su tesis doctoral sobre la anorexia en la literatura española, y en esa ocasión se centró en la novela Las chicas del alambre, de Jordi Sierra i Fabra, que se inscribe dentro de la vertiente más social del género negro. La novela hereda esos rasgos críticos del género en España –no olvidemos que vivió su momento de mayor auge como conciencia alternativa de la Transición– y cuenta la historia de Vania, una chica de 25 años que desaparece. Jon Boix, periodista, quiere escribir un reportaje sobre ella e investiga su historia. Periodismo, investigación, actualidad, todos los ingredientes para la denuncia de mundos brillantes hacia fuera y turbios en su interior.

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