La mirada quirúrgica de José María Guelbenzu

14-abril-2011
Sin categoría- VII Edición

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José María Guelbenzu poseía una sólida trayectoria literaria antes de escribir novela policiaca. Ganador del Premio de la Crítica en 1981 por El río de la luna, crítico literario en Babelia y recopilador de cuentos populares, su obra había partido de un deseo experimental y vanguardista para adentrarse de pleno en la condición humana, o en el enfrentamiento entre conciencia y realidad. Amante de la novela policiaca, la narrativa de intriga, publicó en 2001 No acosen al asesino, donde presentó a la jueza Mariana de Marco, a la que ha segudo dando protagonismo en tres obras más: La muerte viene de lejos, Un asesinato piadoso y El cadáver arrepentido. Desde el profundo conocimiento de los mecanismos de la intriga y de las variantes genéricas que ha deparado a lo largo de la historia, Guelbenzu explicó la génesis de su vertiente policiaca y ofreció una conferencia nada complaciente con el estado actual de la novela criminal: cuáles son sus variantes, problemas, alternativas y vicios. Un pequeño manual tan preciso como su escritura,  en el que la obra de los grandes clásicos del género es el espejo de la abundante narrativa de género que se escribe en nuestros días.

Guelbenzu ha utilizado el concepto de “mainstream” para definir “la corriente central de la literatura a la que afluyen los géneros”, y ha dedicado tiempo a explicar con detalle las dos ramas principales de la narrativa criminal: la policiaca y la novela negra. La policiaca tiene su auge en el período de entreguerras, fundamentalmente en Gran Bretaña, y está dominada por un espíritu lúdico, muy propio de los años veinte. Su esquema estructural es muy claro: un lugar pequeño, un grupo reducido de personas, un crimen y un detective muy inteligente. “Se suele decir en literatura que empezar una novela es meter un elefante en una bañera, pero luego hay que saber sacarlo con un buen final. Y estos escritores planteaban intrigas muy bien pensadas, sacaban muy bien el elefante”. Bajo el concepto básico de que el lector participa en el juego de adivinar quién es el criminal –incluso el Crime Club estableció reglas estrictas, como que había que dar las mismas pistas al lector que al detective protagonista–, “todo se supedita al juego, a la sorpresa, por lo que los personajes muchas veces son de cartón piedra. Agatha Christie es la reina de la intriga bien hecha y mal escrita”. Guelbenzu cita a Dorothy Sayers como una autora que sí cuidaba su estilo literario.

Con la depresión americana de finales de los veinte, el crimen sale a las calles, escrito por autores que proceden de la calle, se meten en la realidad: es lo que llamamos novela negra. Guelbenzu se confiesa más interesado por el género policiaco, y cuestiona –asunto en el que coincide con la intervención de Jesús Ángel González en el congreso– el estatuto de realidad en novelas como Cosecha Roja, de Dashiell Hammett, la obra fundadora de la corriente. “Es poco verosímil que un detective llegue a esa ciudad y en unos días consiga que todos los demás se maten entre sí. La realidad está más en el sustrato”. El autor asegura que “una novela se dirige a la imaginación, y el problema es que sea verosímil, no tanto que lo que narra sea cierto o no. Al estar más pegada a lo real, el lector se vuelve creativo por poder asociar lo que lee a su propia vida”.

Guelbenzu afirma que “escribir hoy novela policiaca es imposible”, y explicó el origen de su personaje de la jueza Mariana de Marco. “Estaba escribiendo una novela y no encontraba las voces necesarias, no funcionaba. En ese momento de vacío y de ansiedad a la vez, escribí No acosen al asesino. No quería haber hecho más, pero encontré un personaje extraordinario, que se va moviendo a lo largo de las novelas, no es serial. Y ese personaje necesitaba estar en novelas criminales. ¿Por qué una jueza? Por que dónde hay un detective inteligente en este país, y menos un asesino inteligente. La jueza está formada, es culta e instruye un caso, ya que en España existe la figura del juez instructor, algo que en Estados Unidos hace la fiscalía”.

El autor definió tres líneas de la novela criminal actual: las conspiraciones (“todo eso de los intereses de Estado, las multinacionales… lleva a dislates, aunque es entretenida, pero se queda en la superficie”), la protagonizada por psicópatas (“casi todos los asesinos ahora son psicópatas, y eso es muy cómodo para el escritor, no hay que explicar el porqué de nada, y, además, banaliza el crimen”) y finalmente la que incide en la crítica social. Aquí Guelbenzu asegura que “se hace un análisis que se cae con facilidad, obvio, que me interesa poco. Este tipo de retrato social es una coartada para escritores que no lo hacen de una manera más clásica, más hermética. No suele haber gran literatura en este tipo de novelas”. El escritor cita Ragtime, de E.L. Doctorow, o a Dennis Lehane como autores que sí han ido al fondo, o el paso en torno al dilema moral por Nicholas Blake –seudónimo de Cecil Day Lewis– en La bestia debe morir.  “Joyce Carol Oates decía que todo escritor anhela escribir criminal porque es el último refugio de la novela tradicional. Los tiempos cambian y también las maneras de expresión. No se puede escribir novela como lo hacía Galdós, pero sí en el terreno policiaco. Lo criminal como tema va a tener movimiento siempre”.

Guelbenzu afrontó un tema muy interesante: ¿cómo se puede desprender este tipo de literatura de la intriga? “Se decía que cada vez que los personajes reflexionan en una novela negra, varios lectores cierran el libro. Hay dos caminos: que se plantee una intriga o que la intriga emane de los personajes, interesarse por saber qué van a hacer, y aquí no hace falta contar una historia truculenta”. El autor menciona tres problemas de la novela actual: “Hay que dar calidad y polivalencia a la escritura, porque muchas veces se descuida el estilo. Hay muchos remedos de Hammett, y él tenía una precisión absoluta. También se dejan muchos cabos sueltos, algo que al final produce decepción al lector. Y no suele haber más ambición que entretener. Me importa la ambición máxima. Todo el mundo está contando la misma historia de la misma manera, el detective que expresa malestar social con su actitud. Se hace repetitivo”.

José María Guelbenzu puso ejemplos que habían hecho avanzar la narrativa criminal: El nuevo estilo para un nuevo relato de Hammett, la profundización sobre esta dinámica en el lado psicológico de Chandler o el vuelco de William Irish (Cornell Woolrich) al colocarse en el lado de la víctima.  También señala el movimiento hacia adelante realizado por Stieg Larsson: “Es como los dibujos animados, siempre en movimiento, ha forzado la historia trepidante. Salander es un personaje de cómic, simbólico, como Spiderman, acorde a estos tiempos de poco pensamiento y mucho fuego de artificio”.

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