La experiencia de un currante del guion

10-mayo-2019
Noticias- XV Edición

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Director y guionista de la obra 25 kilates, Patxi Amezcua profundizó en “25 kilates; de la idea a la película” en la construcción de un guion, una temática que el día anterior había sido ya tratado por Michel Gaztambide. La experiencia de Amezcua como guionista y director de la obra que protagonizó la charla se complementó con esas mismas responsabilidades al frente de la más reciente Séptimo, protagonizada por Belén Rueda y Ricardo Darín. La diferente escritura de ambas obras, así como su distinta recepción, impulsaron una rica e ilustrativa charla.

Un aspecto de gran relevancia para escribir un guion es hacerlo sobre un estilo o un género que se conoce: en el caso de Amezcua, el género negro. El camino para construir un guion parte de una idea inicial –en Séptimo fue un concepto muy sencillo surgido de una anécdota personal, mientras en 25 kilates fueron unos personajes inspirados por figuras reales de las que había oído hablar– y debe saber, por lo menos de forma aproximada, hacia dónde se dirige –en el caso de la película de daba título a la charla, Amezcua aseguró haber tenido siempre claro qué tipo de final quería–. Con esos elementos, “cada historia tiene su fórmula” y, sea partiendo de un concepto o de un estilo, la trama surge luego. Finalmente, elementos más prosaicos, como el presupuesto y las limitaciones del rodaje, entran en juego e imponen sus limitaciones.

En este sentido, Amezcua destacó su incomodidad con la ausencia de un plano en una de las escenas finales de 25 kilates: un plano que no se pudo rodar el día que estaba previsto porque se hizo de noche y que, los días siguientes, el cambio de localización impidió. De hecho, Amezcua apuntó que es frecuente que escenas o secuencias que parecen flojas se explican porque falta algo que por motivos diversos no pudo ser rodado en su día.

Habiendo sido también director, Amezcua conoce sus puntos fuertes y débiles, por lo que es consciente de qué tipo de historias o materiales darán mejores frutos en sus manos. Eso le permite, a su vez, saber adaptarse a lo que otros directores demandan cuando él actúa únicamente como guionista. Así, aunque hay que pelear un poco, “en última instancia tienes que ser comprensivo”. Y esto es de aplicación también a actores y a otros miembros del equipo, ya que “el cine es trabajo en equipo”.

Por eso es importante saber qué quieres, pero con flexibilidad para aceptar cambios y sugerencias (no necesariamente todo) de aquellos que saben más que uno mismo. Por ejemplo, y aunque como guionista afirmó que lo normal es querer que los intérpretes repitan sus textos, las capacidades del actor o actriz les permiten a menudo adaptar y mejorar expresiones o diálogos.

La riqueza de la experiencia

Respondiendo a preguntas del auditorio, Amezcua destacó películas como Camino a la perdición, L. A. Confidencial, La caja 507, Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto o Días contados como referencias. También tuvo tiempo para apuntar que en guion “menos es más”, usando la misma expresión que el día anterior había utilizado Michel Gaztambide, y mostrándose de acuerdo con este en ser críptico para que e espectador tenga que poner algo de su parte en la interpretación de la película en cuestión.

En una de las líneas seguidas por Gaztambide en su charla, y teniendo en cuenta la formación periodística de Amezcua, fue preguntado por la capacidad del cine de retratar la sociedad. Se mostró maravillado por la facultad de una obra como Campeones de lograr más que la mayoría de políticas públicas, pero incidió en que lo importante de una obra es lograr su objetivo, sea este contar una historia sin más pretensiones o reflejar un fenómeno social. También anotó que en su cine, en 25 kilates en particular, conviven ambos, al querer contar una historia de suspense, pero intentando capturar una sociedad.

Para terminar, conviene regresar al comienzo de la charla, en el que Amezcua señaló cómo las dos obras dirigidas por él y que articularon su ponencia, 25 kilates y, en segundo término, Séptimo, son dos títulos con recepciones antagónicas. Si la primera fue alabada por la crítica –Amezcua se mostró encantado de que Carlos Boyero admirase su cinta– y casi ignorada por el público, la segunda fue una producción mucho mayor, más comercial, que tuvo grandes cifras de taquilla, pero que no fue bien acogida por los críticos. Aunque recalcó la dureza de renunciar al dinero, una obra como 25 kilates le permitió acudir a festivales y obtener una gran satisfacción personal. Algo que, en último término, es esencial a la hora de construir el guion de una historia.

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