José Ángel Mañas, mirada desde la frontera del género

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A punto de publicar una nueva novela titulada «La Pella», José Ángel Mañas se acercó al Congreso para relatar en su sesión de clausura la forma en que ha introducido la ciudad y el crimen en su narrativa. Ambos aspectos están muy presentes en su obra: una ciudad, Madrid, y casos criminales que le permiten entrar en mentes enfermas. El autor repasó momentos de su obra, salpicados con referencias musicales, literarias y biográficas, deteniéndose en la década de los noventa: «Uno es de la época en la que ha sido joven. Baroja dijo que el hombre se forma definitivamente entre los dieciocho y los veintitrés años. Para mí fueron los noventa», dijo el autor, que considera este momento propicio para la novela negra por la «pérdida de confianza en las instituciones, un déficit de sentido de la ciudadanía».

Mañas es un autor de difícil clasificación. En España, sus obras no forman parte de los sellos de género negro de las editoriales. Sin embargo, en Francia sí. «Trabajo con una doble vía: un registo costumbrista, pegado a la vida cotidiana, que gusta más aquí, y un aspecto de de trama pura, más ficcionalizante, por el que en Francia me encuadran dentro del género». Y eso que en sus obras hay ambiente urbano, investigaciones policiales («Caso Karen») o retratos de asesinos («Soy un escritor frustrado»). Quizá el explosivo éxito de su «Historia del Kronen» cuando tenía veinticuatro años ha motivado que su nombre permanezca pegado a colecciones no genéricas. Por eso su charla en el congreso se tituló «La mirada de un outsider», alguien que se encuentra en las fronteras de las a veces arbitrarias compatimentaciones editoriales.

Ocho de las nueve novelas de José Ángel Mañas se ambientan en Madrid, así que sorprende su rotunda afirmación: «No me gusta Madrid. Hay autores que mitifican y retratan con orgullo a su ciudad, Marsella, tengo una relación de inspiración y sufrimiento con Madrid. Es austera, contruida en mitad de la estepa mesetaria y, sí, es dinámica, pero de una forma agresiva. Pero parece que no puedo escapar de ella cuando me pongo a escribir, así que me guste o no va dentro de mí».

Aquí va otra frase contundente: «Aunque soy un escritor realista, no me gusta la realidad. Jean Claude Izzo, en «Total Keops» advierte al principio de la novela que todos los personajes son inventados y que lo único real es la ciudad, Marsella. Yo introduzco la realidad sólo para hacer creíbles a los personajes, darles vida y credibilidad. Tomando experiencias personales en forma de semidiario también se produce una fusión muy potente. Muchas veces me han dicho que no soy un escritor descriptivo, porque mis novelas son muy dialogadas, pero creo que las descripciones van en los diálogos, no me gustan los diálogos funcionales. En la adaptación cinematográfica de «Historias del Kronen» se usaron este tipo de diálogos funcionales y eso mutiló el habla de mis personajes». «Historias del Kronen» sería más Hammett y «Ciudad rayada» más Chandler, por el tono y el punto de vista de sus protagonistas-narradores.

Mañas considera que el crimen es «casi sinónimo de ciudad» y lo usa para penetrar en mentes enfermas, a la manera de autores como Jim Thompson. «Soy un escritor frustrado» retrata a un asesino crítico literario que se apodera de una obra ajena, y en «Caso Karen», una investigación policial fragmentaria, entra en las tripas oscuras «que esconde la industria editorial bajo una fachada rutilante». Con Antonio Domínguez Leiva publica la saga de El hombre de los veintiún dedos, un formato folletinesco en clave negra y cercano al pastiche pulp.

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