Gonzalo Suárez: «Busco un género degenerado en la realidad»

21-marzo-2012
Sin categoría- VIII Edición

Compartir

Después de tres años intentando contar su su presencia, llegó al congreso Gonzalo Suárez (Oviedo, 1934). Tenía que estar aquí porque en su obra está teñida de género negro ya incluso desde su primera novela, De cuerpo presente (1963) y en películas como El detective y la muerte (1994). Hablamos a menudo del proceso de adaptación literaria, pero en Suárez convergen con naturalidad la literatura, el cine, el periodismo, convirtiendo cada uno de sus textos en una búsqueda de la realidad a través de “mentiras de verdad” que se imponen a las “verdades de mentira”. Su obra se escapa de la clasificación -siempre constrictora- y está teñida de una vibración extremadamente literaria, consciente de que la realidad se revela, con suerte, en la ficción y en la estructura narrativa.

Muchos de los asistentes al congreso vieron ayer por primera vez El detective y la muerte y tuvieron la oportunidad de, con la excusa de hablar sobre la película, introducirse en ese intrincado “universo Suárez”, lleno de referencias, anécdotas significativas, digresiones que acaban cerrándose en algún momento y esa sensación de que “todo tiene que ver con todo. Me gustaría mezclar más. Me obsesiona eso. Busco un género degenerado en la realidad. Por supuesto, no lo encuentro».

Usemos unas palabras ajenas que han definido con claridad lo que supone esa ingente, variada y coherente obra de Suárez:

“¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la Literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal» (Julio Cortázar).

“Se ha dicho repetidamente que Gonzalo Suárez se adelantó al nuevo periodismo. Sin duda es así, pero es evidente que él no lo sabía. Los grandes periodistas provienen de los márgenes más oscuros de la profesión: la crónica de tribunales, la crónica de sucesos, la crónica de guerra. Gonzalo Suárez provenía del periodismo deportivo, donde el periodista a menudo interviene en la crónica por pura necesidad de llenar un vacío. Luego trataba a los intelectuales y a los políticos a los que entrevistaba como si fueran boxeadores sonados. Esta hibridación lo convertía, aunque el término haya caído en desgracia, en un adelantado de la posmodernidad” (Eduardo Mendoza).

“Los libros de Suárez me hacen vivir más profundamente, ensanchando algo así como la conciencia del conocimiento” (Vicente Aleixandre).

«Gonzalo, ¿te hubiera gustado ser una persona normal?” (Juan José Millás).

¿Se hacen ya una idea? Ese es Gonzálo Suárez, el hombre que llega al coloquio advirtiendo que no ha visto su película, pero que cuando la vea podrá hablar con más propiedad de ella. Y que, casi veinte años después de hacerla, concluye: “Buscaba la plasticidad tras la sensación de que de noche sólo cobra vida lo que iluminas. Eso me parecía un desafío. Andersen y la luz de la noche, eso buscaba”. Lo dice como un pintor que pasa años después por delante de uno de sus cuadros expuesto en un museo, sabedor de que quizá no es el mejor de los suyos, pero supuso un paso, un motivo para encontrarle la gracia a rodar en Varsovia a veinte grados bajo cero. Lo dice tras arrancar risas con anécdotas divertidas y ser capaz de congelarlas cuando cuenta el cuento de Andersen en el que se inspiró la película: una madre que persigue a la muerte para recuperar a su hijo.

“Recuperé esa idea al ver ciudades devastadas. Creo que es una película muy de verdad sobre lo que ocurre en Europa. Para mí, ha sido un trauma, una terrible desilusión, descubrir que toda esta hipótesis de Europa es por la pasta. Yo he sido afrancesado, por mi padre y por mis lecturas. Baudelaire, Stevenson, Dostoievski… para mí representaban una Europa que no existía. Francia era el extranjero… tenía un sentido, hipotético como todos los sentidos. La Thatcher lo avisó, de soslayo. Ahora Merkel… Pero puede ser que hablar todo el día de esto del Euro nos haga olvidar otras cosas peores. Estamos en un mundo donde por fin se han caido las máscaras y la economía es nuestro valor”.

«Todo era deslizante en Varsovia. El primer día de rodaje murió un especialista después de salvar la vida del ayudante de dirección agarrándole por la coleta para que no cayera por un tejado. El rodaje también tuvo momentos buenos, no recuerdo cuáles», dice, yendo y viniendo por su discurso, manejando los tiempos de la narración con su finísimo sentido del humor. «Me hubiera gustado hacerle una entrevista allí a Stanislav Lem, al que siempre he admirado mucho por su sentido del humor, su lucidez y esa estructura narrativa que revelaba algo que se me parece más a la realidad que cualquier libro decimonónico». Y añade: «las buenas influencias son las que se asumen inconscientemente».

¿Le pone cara a los personajes cuando escribe?, le preguntan: «Concibo los personajes como espíritus desencarnados. Es complicado adaptar un personaje a un físico, como para el actor también lo es adaptarse al papel. Javier Bardem, que venía de hacer Huevos de Oro y Jamón Jamón, parece muy visceral y espontáneo, pero es muy atormentado. Me trajo un mamotreto descifrando el personaje, lo tenía todo estudiado. Yo no me había imaginado un detective tan joven».

Su propio concepto de la realidad y los mecanismos de la ficción se van sucediendo en su discurso, en una forma de hablar que delata que en su cabeza bullen distintos caminos para la siguiente frase. Pero en un momento dado explicita su concepción del cine. Hablando del sonido directo y el doblaje de los actores, dice: «El cinema verité me importa un bledo. El cine es una manipulación de elementos que producen, como en todo arte, un resultado».

Universidad de Salamanca
Salamanca, Ciudad de Cultura
Letras Corsarias
Facultad de derecho
Renfe
Avanza
Asociación de Novela y Cine Negro
Facultad de Filología de la USAL
Plaza de Anaya, s/n
37008 Salamanca
prensacongreso@gmail.com
Diseño de logotipo, carteles e imagen corporativa del Congreso:
Christian Martino Bennasar
Diseño de web:
David Boyero