Estereotipos, nostalgias y fusiones genéricas distópicas

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Ana Mª Gómez, David Aparicio, Luis Veres y Javier Frutos

La jornada dedicada al cine negro ha continuado con tres referencias bastante distintas entre sí y todas igualmente interesantes, bajo la dirección de Javier Frutos Esteban, profesor de la Universidad de Salamanca. Ana Mª Gómez Llorente, de la Universidad de Extremadura, rastrea bajo el título «los abuelos de Deckard» las vinculaciones que unen la película Blade Runner, de Ridley Scott, con otras obras  negras, el western o el cyberpunk, estéticas comunes para una película imprescindible si hablamos de hibridación de géneros. David Aparicio Sánchez, de la Universidad de Salamanca ha presentado un minucioso estudio de un tema sorprendente: la presencia de personas con discapacidad en el cine negro clásico. La conclusión es que se trata de perdedores entre perdedores, víctimas que en el período estudiado -años cuarenta y primeros cincuenta- cumplen distintos roles secundarios muy basados en el estereotipo y lejanos a cualquier rasgo de normalización. Luis Veres, de la Universidad de Valencia, ha evocado la obra de Woody Allen y la presencia, unas veces evidente y otras soterrada en lo más profundo pero constante, de un imaginario de cine negro adquirido en la infancia y revisitado una y otra vez en forma de citas, parodias, guiños y referencias cinéfilas a una arcadia cinematográfica donde sí se cumplen los sueños.

Blade Runner tiene varios méritos. Uno de los mayores es haber contribuido a popularizar a uno de los grandes de la cultura popular, Philip K. Dick, cuya obra quizá nunca haya sido mejor adaptada que en este caso. Ana Mª Gómez, que trabaja en una tesis doctoral sobre los títulos de crédito en el cine americano, procede del ámbito artístico y se centró en la relación estética y narrativa de la peícula de Ridley Scott con otras obras cinematográficas, comparando imágenes, sugiriendo líneas de coincidencia y trazando con precisión una línea que incluiría tanto a Metrópolis, de Frit Lang, como a los mangas como Akira y otras manifestaciones del Cyberpunk. Los personajes arquetípicos del género negro están en Blade Runner: el detective (Harrison Ford no quiso ponerse un sombrero porque podría asociarle con el papel de Indiana Jones que acababa de hacer), la mujer fatal (Rachel), pero sobre todo, el ambiente. Lluvia, humo, luz. Hay una suciedad en esa película, un ruido de fondo, filtros que permiten una visión diáfana, una degradación general y una moldeación del espacio que acaban otorgando a la composición del plano mucha más importancia que al rostro de la estrella de turno. La dirección artística y de fotografía consigió algo decisivo: fotografiar la estética expresionista de en blanco y negro del cine de género clásico en technicolor, sustituyendo gamas cromáticas y pasar del b/n al azul y blanco. Ciencia ficción y cine negro se juntan para convertir Blade Runner en una película de culto para los amantes de los dos géneros.

David Aparicio trabaja en el Instituto Universitario de Integración en la Comunidad (INICO) y ha relizado un muy revelador estudio sobre la imagen de las personas con discapacidad en el cine negro de los años cuarenta y cincuenta. De todo el período, ha seleccionado, junto a María Gómez Vela, veinticinco películas que arrojan datos sobre el tratamiento narrativo de estos personajes. La discapacidad física es la más representada, bastante asociada a la vejez y en la que los hombres son más buenos que malos y las mujeres siempre son buenas. No hay mucha presencia de veteranos de la II Guerra Mundial en el cine negro, cosa que sí ocurre en dramas. Esta visión contrasta con el papel de discapacitado físico como malvado o vengador obsesivo que sí proliferó en otro tipo de cine. Las películas de esta época no presentan a los ciegos como malvados, pero no son tan dulces como en otros géneros. En cambio, es la mejor presentada al público, se habla de cómo se sienten y qué supone para ellos su discapacidad. Sordera y mudez se utilizan más como elementos que generan tensión narrativa, bien sea poque la lengua de signos puede suponer un código secreto o se haga una interpretación muy libre y alejada de la realidad de lo que es la lectura de labios. En retorno al pasado (1947) aparece el primer sordo del cine negro. David Aparicio concluye que el papel del discapacitado es el de víctima de los malos de la película, que por dañar a un discapacitado ve aumentado su grando de maldad. No existen elementos normalizadores sobre la discapacidad ni se atisba ningún tipo de educación sobre cómo superarla. Ni son protagonistas, ni triunfadores, pero tampoco malos. Perdedores entre los perdedores.

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