«El negro es negro»

10-mayo-2019
Noticias- XV Edición

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En un congreso que ha indagado en La expansión de un género, nada más acertado que un cierre protagonizado por dos autores de novelas gráficas para demostrar la flexibilidad y capacidad de adaptación del género negro a soportes y narrativas diferentes.

Antonio Altarriba (guionista) y Keko (dibujante), responsables de Yo, asesino y Yo, loco, que forman parte de una trilogía que completará Yo, mentiroso, saldaron con su presencia la deuda que este congreso tenía con el cómic. Y es que, a pesar de la habitual presencia de ponencias académicas sobre el tema, apenas habían pasado creadores de novelas gráficas por el congreso. La charla de este tándem, centrada en Yo, asesino, resulta de especial interés en este marco por la ambientación académica de la obra y porque la universidad también tiene su lado oscuro y «lo de apuñalar al compañero es una práctica bastante habitual». De hecho, Altarriba echó en falta mayores referencias a la academia en la literatura negra española.

Centrados en la importancia del cómic en este género, destacaron que el negro es, ante todo, un color. Un color que se hace especialmente protagonista en las ilustraciones de Keko que hacen que el noir esté más presente si cabe en un relato como Yo, asesino. El negro, en definitiva, no es en este trabajo una alegoría, sino que «el negro es negro». Otros elementos que definen la retórica de las historietas, diferentes de otras narrativas, es la posibilidad de jugar con la focalización y los puntos de vista, de gran relevancia en esta historia, contada por un narrador protagonista.

Altarriba y Keko analizaron la composición de distintas páginas de Yo, asesino en la pantalla. Junto a ese negro tan característico del género y de esta obra, profundizaron en algunos detalles de este soporte, que permite eliminar adjetivos en la narración o mostrar lugares sin nombrarlos, así como explotar la composición de cada página modificando la forma y el tamaño de cada viñeta. También indagaron en el aprovechamiento de diversas estrategias narrativas: las luces y las sombras, la iluminación, las calles entre viñetas –que implican tiempo congelado– y el color, no solo el citado negro, sino el rojo intenso de la sangre, que tiene una dimensión muy plástica.

Reivindicaron, a su vez, la importancia del género negro, que funciona al mismo tiempo como pasatiempo y como crítica social, y, sobre todo, de la novela gráfica. Las particularidades de este medio pueden ser su estatus mixto, en el que cada viñeta implica tiempo y espacio, la capacidad del lector de marcar el tiempo o lo estático de las imágenes, que tienen una mayor composición que el cine. Es, precisamente, el cine, el arte al que más asemejaron el cómic. De hecho, consideraron a ambas expresiones culturales como parientes y situaron el nacimiento del cómic en los mismos años que el cine, pero también que los movimientos artísticos de vanguardia.

La charla concluyó con referencias a las influencias, sobre todo a nivel visual, y a los métodos de trabajo, mucho más complejos de lo que pueda imaginarse a priori. La semejanza de estos métodos con las construcciones del guion que habían explicado Michel Gaztambide y Patxi Amezcua los días anteriores dotaron al congreso de una línea argumental muy compacta, convirtiendo a esta ponencia a dos voces y cuatro manos en un broche magnífico para el XV Congreso de Novela y Cine Negro.

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