El mito de la mujer fatal y la novela negra lesbiana

11-abril-2011
Sin categoría- VII Edición

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Paqui Noguerol, Inmaculada Pertusa, Marina López y Luz C. Souto

La segunda mesa dedicada al papel de lo femenino en la novela negra clásica y actual nos ha dejado dos interpretaciones alrededor de la mujer fatal y una exposición sobre la narrativa negra lesbiana española. Luz Soto, de la Universidad de Valencia se centra sobre la trilogía Mujeres asesinas y analiza la marca de dolor que lleva la mujer fatal y su atracción en cuanto subversión del orden masculino. Marina López, de la Universidad Jaume I de Castellón, ha hablado sobre una parodia de El halcón maltés centrada en lo femenino, donde se consume el mito: es una femme fatale que lo copia todo y se consume en el proceso. Inmaculada Pertusa, de la Western Kentucky University, ha profundizado en el subgénero nacido en España a partir de la Transición y más desarrollado a partir de los noventa: la novela negra lesbiana, la exploración del mundo criminal desde el prisma femenino en la subversión del detective tradicional.

Luz Soto aborda la figura de la femme fatale en voz de tres asesinas cuya fatalidad viene de una feminidad marcada por el dolor, una infancia con tintes truculentos y matrimonios frustrados: el acto de quitar la vida atrae por cuanto subvierte el orden masculino establecido que las cataloga como mujeres-esposa o mujer-madre. La trilogía Mujeres asesinas pasa del soporte literario al televisivo, en el que se potencia la estética y amplía su público al dejar entrever a una femme fatale impulsiva y sin el componente inteligente del asesinato que suele ser recurrente en esta figura letal. Aquí la relación dialéctica de los roles sociales se agravia con la carencia de una independencia social, laboral y personal en estas mujeres fatales. Así, estas asesinas encuentran en el crimen una nueva cosmovisión del mundo, que de alguna forma lo resuelve y le da sentido a su vida. Ahorcamiento, desmembración de cadáveres, mutilación; todos los métodos son legítimos en el recorrido de esta ambición. Un claro ejemplo de lo que puede suceder, afirma Luz, “cuando se rompe la línea entre las fronteras de lo legal y lo cultural.

Con una mirada anclada en lo detectivesco-femenino, el planteamiento de Inmaculada explora el personaje de la mujer-detective desde la última parte del siglo XX anglosajón. Personaje en el que a menudo se fortalece el desarrollo de la identidad lesbiana en este subgénero y representa el paso desde lo criminal hasta lo heroico, por tener su referente anterior en la femme fatale. En el caso español, este subgénero tiene tan solo siete novelas, surgidas a partir de la transición democrática: novela negra lesbiana. La investigadora lesbiana presenta características particulares que la representan como un modelo subvertido del detective tradicional. Además, dentro del género, la investigadora lesbiana problematiza la dialéctica al no encajar en el binomio de género, y de poder/sumisión; dualidades neutralizadas por el carácter lésbico de estas detectives. Inmaculada nos explica que subyace aquí la creación de un mundo utópico donde las lesbianas pueden inferir de manera determinante en el universo masculino. No obstante, cuando la investigadora está vinculada al sistema judicial, de parte de la ley, también está sofocada por la burocracia inherente a todo sistema regulado. Así, estas parejas de mujeres detectives que trabajan juntas, se complementan y exploran el mundo criminal desde un prisma femenino.

Marina López nos ha hablado de Coupi Confort, quebequense. Considerada una representante canónica del género. La protagonista, esposa y ama de casa, se ve inmersa en una aventura por la búsqueda de un disquete. En esta obra prevalece la parodia, señal de que se dinamitan los límites del género pues éste comienza a ser insuficiente por sí mismo: el halcón maltés se traduce aquí en un juego electrónico, con la impasibilidad característica de este héroe, que la escritora traslada a los hermanos Coupin. Aquí, la femme fatale es la que recibe las más duras parodias, lo que muestra la fragilidad de esta figura en el género. La mujer fatal como agente reivindicador de la libertad aparece aquí neutralizada, pues se trata de la descomposición del mito; es una femme fatale que lo copia todo y se consume en el proceso. Se refuerza la lectura feminista que ve en la femme fatale a una mujer excesivamente obsesionada con su estética. El afán destructivo de la mujer fatal deviene aquí en autodestrucción desarticulando las imágenes construidas en torno a la mujer ideal del género negro. Cuerpo y palabra como binomio en oposición: la mujer, o bien tiene cuerpo, o bien cabeza. Pero es también un planteamiento filosófico en el que se cuestiona a quién pertenecen las ideas, o la idea misma de qué es una idea original; ¿se puede copiar todo? ¿También los sentimientos y flechazos? Subyace Platón en el fondo de estas cuestiones. Marina nos explica que esta obra es un homenaje al Halcón maltés pero que pone a su vez el género al límite, reflejando una ética de la humanidad, la fragilidad del tiempo que corre.

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