El Madrid de Joaquín Leguina

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Joaquín Leguina es escritor. Y estadístico. Aunque se le sigue reconociendo por su pasada etapa política al frente de cargos de relevancia en la administración pública. Quizá por eso no ha parado de atender a los periodistas desde que se ha bajado del coche hasta que, a la una en punto, tenía que empezar su conferencia, titulada «Ciudad en negro». Sus novelas protagonizadas por Baquedano, editadas por la salmantina Tropismos-Témpora, aportan un punto de vista original al género: el investigador es un prejubilado de la banca que hace de abogado de causas generalmente perdidas. Y, sirviéndose de este personaje, realiza una recreación personal de Madrid.

Su Madrid es el llamado Madrid de los Austrias, una zona fronteriza con Lavapiés que todavía conserva su sabor castizo. «Chandler, Hammett o Juan Madrid nos trasladan una ciudad que no es precisamente el paradigma de ciudad alegre y confiada, donde surge un capitalismo a caballo de la delincuencia», señala. Su ciudad es un barrio «bullicioso y popular que encandiló a Galdós, un viejo y renovado Madrid en el que se mantiene el sabor y el color que tenía». Leguina atisba en sus novelas otra ciudad, la de los poderosos, siempre oculta y amenazante hasta que Baquedano se ve abocado a meter sus narices en ella. «Es la ciudad de los políticos tentados por los fondos, de las recalificaciones, del dinero fácil. Los altos fondos. Así que Baquedano vive en un monstruo de dos cabezas, como el Dickens de ‘Historia de dos ciudades'», afirma.

Leguina piensa que «las cosas más absurdas, si están bien contadas, se creen con naturalidad» cuando explica por qué eligió este tipo de personaje para protagonizar su serie negra, que compatibiliza con una narrativa al margen del género. «Me ha costado muchos años traspasar esa jaula de hierro en la que parece encerrado el político que se mete a escritor, en el que hay un prejuicio sobre lo que alguien que ha sido político es capaz de escribir. Y creo que ahora voy ganando esa batalla», puntualiza.

También ha querido Leguina echar abajo, o al menos mostrarse en desacuerdo, con las teorías que leen la novela negra como un trasunto de la realidad sociológica. «No me lo creo. Chandler dijo que escribía por amor y que el prestigio para él consistía en obtener de un género denostado algo por lo que los intelectuales se despellejan. Todo artista es hijo de su tiempo, pero descarto la explicación sociológica del arte, de cualquier arte. Porque la creación es algo tan inexplicable como un lienzo o el comienzo de una novela», dijo. Y a continuación nos puso los dientes largos leyendo los inicios de unos cuantos clásicos del género, desde «El largo adiós» de Chandler a «El día menos pensado» de Andreu Martín, pasando por Jim Thompson, Horace McCoy o Chester Himes.

Ya en el coloquio posterior, Leguina ha desmenuzado con un irónico sentido del humor algunas particularidades de la política, el negocio editorial, la paridad de género en la lectura y la vida en su barrio, el mismo donde habita su Baquedano.

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