Del guión a la sala de montaje: la coherencia de Patricia Ferreira

23-Marzo-2012
Sin categoría- VIII Edición

Guardaremos las notas de la conferencia de la directora Patricia Ferreira, con la que se clausuró esta edición del congreso, como un ejemplo completo del proceso de adaptación de una novela, desde el guión y la relación con el autor de la obra hasta la planificación, el rodaje y la sala de montaje. Su película El alquimista impaciente llevó a la pantalla en 2002 el libro de Lorenzo Silva protagonizado por los guardiaciviles Bevilacqua y Chamorro, una pareja que supuso una revelación en el panorama de la novela negra española. La génesis del filme, sus decisiones narrativas, la elección de actores, la documentación, los momentos de trabajo privados y colectivos… Ferreira habló y protagonizó un jugoso debate con la misma precisión, detallismo y significación que hemos visto en sus películas, desde su debut en 1999 con Sé quién eres. En breve volveremos a oír hablar de ella, ya que estrena su última película Los niños salvajes en el Festival de Málaga de Cine Español el próximo mes

“Después de Sé quién eres, que era un thiller político, de alguna manera te encasillan y aunque tenía otras ideas, me encargaron esta adaptación. Siempre salen a la palestra las relaciones conflictivas entre el autor de la novela y el director de la película, pero hay otras muchas relaciones no conflictivas que no se conocen. En este caso, la relación fue modélica. Lorenzo Silva entendió que había cedido los derechos de su obra para adaptarla a un medio de expresión diferente y  no intervino en absoluto. Me dijo: si necesitas algo, llámame. Si no, invítame al estreno”.

Con esa disposición del autor, parece lógico que su opinión, una vez terminada la película, fuera importante para la directora. “Hicimos un visionado en la productora para Silva y algunas personas más. Todos salimos al final de la película y a todo el mundo le parecía bien. Pero él se quedó sentado en la sala durante cinco minutos sin decir nada. Yo estaba empezando a acojonarme. Salió y dijo: me ha gustado mucho. ¿Entonces por qué te has quedado ahí sentado? Tengo que asimilar que esos personajes que actuaban son mis personajes, es un momento traumático para mí. Recuerdo aquello con terror, pero lo entendí: los personajes habían vivido en su cabeza. Toda mi admiración para su trabajo y su forma de encajar la adaptación, espero que se sigan haciendo películas de sus novelas de la serie. La guía siempre fue la novela, había suficiente material y más para hacer una película seria, profunda y al mismo tiempo atractiva para el espectador. Silva es un auténtico manantial”.

“La adaptación siempre representa dificultades, desde los personajes y los decorados, a otras de mayor calado. Mi duda era cómo alcanzar algo que creo que es uno de los puntos básicos del género: el estrecho vínculo que se establece entre autor, personaje y lector. En la novela, el protagonista no solo actúa, sino que comunica una filosofía de vida, una forma de ver el mundo, una voz que puede ser en parte la del autor y que llega mucho al lector. El cine es acción, comportamiento, en pantalla se ve lo que se hace, no lo que se piensa. Busqué una fórmula. La voz en off es un recurso muy utilizado, es estupendo y me gusta. Me valía. Pero quería algo más, porque en lo que dice el Bevilacqua hay toda una lección del trabajo del investigador. Mi solución la encontré en una línea del libro, donde narraba un viaje en el que acompañaba a Dávila hacia la casa de Ochaita. Aproveché ese vínculo que se crea ahí, en el coche, y utilizarlo con un formato de flashforward”.

“Hubo algunos problemas más. Había acción en una central nuclear y pensé: pidamos permiso para rodar en una. Hicimos todo lo posible, pero no lo conseguimos, así que adaptamos una central eléctrica y usamos decorados. La película acabó nominada al Goya a mejor dirección artística”.

Esta pregunta se la hacen siempre a Patricia Ferreira. ¿Cómo llegó el famoso actor Nacho Vidal –una de las figuras del porno de los últimos años– al cásting para interpretar al mafioso Vasili? “Llegó en ascensor. Tenía un problema con ese personaje, no daba con nadie con su físico. Podría haberlo modificado, pero me empeñé en dejarlos como en la novela. Subí a un ascensor en un hotel de Valencia para ir a una entrega de premios y él iba dentro. Le dí codazos, discretos, a mi acompañante. Y él se fue y pensé: ahí va Vasili alejándose por la calle para siempre. Yo no conocía a Nacho Vidal. Para mi sorpresa, él estaba en esa entrega de premios, nos presentaron y entró en la película, porque era Vasili. Lo hizo bien y trabajó muchísimo con ese acento del personaje”.

“Me gusta volver al guión inicial en la sala de montaje, y a la montadora, Carmen Frías, también. Revisar eso que haces en el proceso solitario después de haber recibido durante el rodaje cantidad de estímulos”.

Preguntada sobre la disponibilidad de la Guardia Civil durante el proceso de documentación, la directora afirmó que “la colaboración fue total, me abrieron todas las puertas, igual que habían ayudado a Lorenzo para escribir sus novelas. En ese momento, ellos ya sabían que no eran un cuerpo espacialmente amado y creo que esa colaboración benefició a ambos. Yo lo quería ver todo, saber cómo trabajan y cómo funcionan. Aún llevo grabadas imágenes muy fuertes de cosas que vi, como el levantamiento de un cadáver de un hombre que se había suicidado”.

La literatura permite al lector fijar una imagen particular del personaje. Sobre la elección para el personaje de Chamorro, comentó que “elegí a Ingrid Rubio porque ya había trabajado con ella, la conozco y sé lo que ella da como actriz. Quizá por físico encajaba mejor alguien más grande, pero Ingrid tiene algo que comparte con el personaje, una aparente debilidad y a la vez una fortaleza enorme”.

Los niños salvajes es su próximo proyecto, que parte de un guion propio. Se estrenará en el próximo Festival de Málaga y comercialmente hacia el verano. “El título no es real. Se puede pensar en pandilleros o niños criados en el campo como L’enfant sauvage de Truffaut. Estos son adolescentes normales y corrientes, sólo son salvajes desde la mirada del adulto. Yo creo que les entiendo y me gustaría que también lo hicieran los demás. Está hecha para ellos. Los padres, que vayan si se atreven, y los maestros”.

A la hora de hablar de sus influencias, Patricia Ferreira se muestra admiradora de la generación de los setenta que venían de la televisión. Directores como Sidney Lumet o Robert Mulligan. “Creemos que esto de hacer buenas series es de ahora, pero en Estados Unidos ya las hacían cineastas como estos. En el cine español me siento identificada con Mario Camus, un autor que siempre deja un poso de reflexión, cuente lo que cuente. Desde Welles, la influencia es continua. Nada sale de la nada”.

¿Tuvo alguna propuesta para abrir una línea de atracción afectiva entre Bevilacqua y Chamorro? “Ni se me había ocurrido, pero fue una de las observaciones que me hizo Lorenzo Silva: haz lo que quieras, pero me gustaría que no hubiera una relación sentimental entre ellos. Y así lo hicimos, por ese doble motivo. Y además no hubo ninguna presión en ese sentido por parte del productor. A veces ocurre. Los autores estamos acostumbrados a firmar contratos leoninos en los que cedemos absolutamente todo. Puede llegar un momento en el que el productor opine distinto que tú. En ese caso se negocia, se trata de convencer con razones, sobre todo con la autoridad que te da la autoría. Nunca he llegado a una rotura de relaciones con un productor”.

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