David Trueba: “La vida siempre tiene una pincelada negra”

14-abril-2011
Sin categoría- VII Edición

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Ni en sus películas como director –La buena vida, Obra maestra, Soldados de Salamina, Bienvenido a casa, La silla de Fernando y ¿Qué fue de Jorge Sanz? (TV)– ni en sus novelas –Abierto toda la noche, Cuatro amigos y Saber perder–, David Trueba ha cultivado de una forma activa y dentro de ciertas normas el género negro. Sin embargo, practica una aguda mirada sobre lo literario y entre sus lecturas de referencia se encuentran algunos de los clásicos del género. Dice preferir “la vida sobre el género”, pero afirma que “la vida siempre tiene una pincelada negra”. En su charla ha hablado de cómo los novelistas norteamericanos que dieron origen a este tipo de literatura tuvieron una importancia fundamental en el desarrollo de la novela existencialista y que el cine ha ayudado a reivindicar la narrativa negra “como algo que nos concierne”. Partiendo de la idea de que “el arte embellece lo que toca y exprime a un al ser humano y le saca la esencia”, define el crimen como algo sucio y sórdido, y reflexiona sobre la coartada moral de la guerra, el imposible afán de perseguir una justicia absoluta y coincide con la sentencia de Rafael Azcona: “El sentido de la vida es desayunar”.

Pensando sobre la relación entre su obra y el género negro, David Trueba se da cuenta de que hay ciertos elementos en sus películas y novelas tienen que ver con ello: la ocultación de un cadáver en La buena vida, un secuestro en Obra maestra, una herencia de la investigación en Soldados de Salamina –adaptación del libro de Javier Cercas–, un asesinato en Saber perder… “Me interesa más la convicencia con la culpa que la investigación. Esa escena en la que alguien comete un crimen, luego le da de comer a su hija y después se marcha al fútbol”, afirma. Porque una cosa es la ficción y otra la realidad: “El cine y la literatura embellecen lo que tocan, y el crimen es una de las mayores vulgaridades que existen, y además el periodismo le quita brillo. Por ejemplo, con la deteción de El Solitario –un famoso atracador de bancos, Jaime Giménez Arbe, detenido en 2007– se viene abajo todo ese mundo construido a su alrededor como delincuente en fuga. El crimen se comete con improvisación y una total falta de grandeza. Y la investigación no puede resolver los casos como se hace en la tele, incluso con la aplicación de la tecnología, como el análisis de ADN, se pone pie para cometer nuevos errores en base a eso, las líneas son mucho más difusas d elo que se cree. El género es una ventaja para dirigirte al público. Sin embargo, me ha gustado más algo más difuso, más entremezclado con la vida real”.

Trueba compara la plasmación del crimen en la ficción con las escenas de sexo de las películas, un trámite que hay que cumplir alrededor del cual se despliega lo demás: “Lo importante es lo de antes y lo de después. Perdición es la película favorita de Woody Allen: cómo ella le arrastra para cometer el crimen y cómo él sigue viviendo con eso, cómo arrastrar la culpa en una relación sentimental. La vida tiene siempre una pincelada negra. Tú mismo puedes descubrirte odiando”.  Buen lector de novela negra, el escritor califica de “fundamental” el papel jugado por el género “en el desarrollo de la novela existencialista. Ahí se reivindica el género, se hace grande asentándose en ese matiz oscuro que está dentro del individuo: la guerra, la culpa. Y de ahí ya no se puede despeñar”. Aún así, observa cómo el cine ha ayudado a mejorar la imagen de este tipo de narrativa, ya que en la gran pantalla siempre ha gozado de gran prestigio: “El cine ha sido una enorme lavadora que da vueltas a todo. Y con la aparición de la televisión, ya hay algo peor que despreciar. Procediendo de la cultura popular, el cine no ha tenido escrúpulos en tratar con lo sangriento, el terror… La serie B es ahora es la serie A, y viceversa. No sé si eso es bueno malo. Hasta los años setenta, había una cierta gradación en función del tema del que hablaba la película. Si Bergman hacía Persona, había algo humano detrás… Un hombre corriendo delante de hormigas gigantes era el complemento, nadie dedicaba a eso sus esfuerzos. Ahora ocurre al contrario, un actor no se consagra hasta que no hace una película corriendo delante de hormigas gigantes”.

“El cine ha ayudado a la novela negra a reivindicarse, ahora se percibe como algo que nos concierne. Lo peor de todo ha sido el embellecimiento, el glamour del crimen. Eso de asesinar, tener un chalet grande… esos valores tienen que salir de algún sitio. Me encanta El Padrino, toda la trilogía, pero me da reparo saber que también era la película favorita de Gil y Gil o que los mafiosos americanos imitan los comportamientos de los personajes. Coppola quedará para la historia con esa película, pero la hizo para financiar La Conversación, una película que quería hacer. Supongo que no le hizo mucha gracia, por su origen italiano, filmar una historia de la mafia. Es como si va Amenábar a Hollywood y le dicen que haga una película sobre toros, de El Litri. Él diría: yo quiero hacer Hypatia. Pues haces El Litri y luego haces Hypatia. Algo así”.

Trueba asegura que “me parece más importante la vida que el género. Una película de la vida puede ser una comedia grotesca cuando te levantas, una de crímenes cuando estás aguantando a tu jefe, una comedia romántica por la tarde y una película onanista por la noche. Afortunadamente se ha superado que los personajes de género tengan que tener un comportamiento determinado, pero a mí me interesa lo que resulta del arte bajo el concepto de exprimir a un ser humano y sacarle la esencia: ese zumo de vida”.

El director y novelista también ha hablado sobre la frontera moral en que se asienta el crimen. “Sabes que la vida no es justa. Y luego hay esa sensación de autoengaño del criminal que no cree haber hecho nada malo. Mentira. Ocurre con el terrorismo, donde se pone todo al servicio de una idea que quita la sensación de culpa, y en la guerra. La guerra permitía matar sin todo lo que conlleva matar. Y eso corrompe a toda la humanidad… ‘El sentido de la vida es desayunar’, dijo una vez Azcona, y aunque al principio me pareció una exageración, estoy de acuerdo”.

Preguntado por su visión de Sánchez Mazas en Soldados de Salamina, y hablando sobre memoria, cultura en la república y personajes, Trueba aseguró que “el período de cuarenta años que hemos perdido nos va a pasar factura durante siglos. La cultura que había antes de la guerra todavía nos da sopas con honda”.

Hablando sobre la guerra y sobre la mejor forma de afrontarla en la literatura y en el cine, el director y cineasta ha insistido en el ambiente de “barbarie generalizada” que se vivió en la España de la década de los 30, en la que incluso los intelectuales se vieron arrastrados por el fanatismo, el odio y la violencia. Según él, ese estado de locura colectiva hace imposible juzgar lo que ocurrió entonces desde la actualidad: “Hay que intentar comprender lo que pasó, pero yo me siento incapaz de juzgar a gente como Sánchez Mazas y como tantos otros”. Para Trueba, abrir las fosas comunes, dar a la gente una sepultura digna, restituir la memoria de quienes fueron pisoteados, quitar del callejero a los jerifaltes del franquismo y gritar a los cuatro vientos que, a pesar de sus errores, la República dio a este país un nivel de enseñanza, cultura y derechos aun no igualado es necesario, pero durante la charla dudó sobre la conveniencia de iniciativas como el enjuiciamiento de los crímenes franquistas proyectado por Garzón. “Hasta los franquistas saben que no tenían razón”, ha concluido, insistiendo en que la verdadera memoria histórica no está tanto en señalar culpables por todos conocidos como en comprender el pasado.

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