Guillermo Arriaga. Un dulce olor a muerte

La venganza del azar

Conocido por su labor como guionista cinematográfico en trabajos como Amores perros, 21 gramos, Babel y Los tres entierros de Melquíades Estrada, el currículo de Guillermo Arriga cuenta con una con variada obra narrativa en la que se incluyen colecciones de cuentos como Retorno 201 y novelas como Escuadrón Guillotina, El búfalo de la noche o Un dulce olor a muerte. Caracterizadas por el gusto por los espacios fronterizos y los personajes cuyas vidas parecen probar su valía una y otra vez en “situaciones límites”, las obras literarias de Arriaga mantienen la misma deuda que sus historias concebidas para el medio audiovisual con el azar y la relatividad de todo. En el peculiar mundo del autor mexicano, nada ni nadie parece decidirse por sus propias características, sino que es la dependencia de un “aquí” y un “ahora” la que dota de sentido. De ahí la continua presencia de la suerte y de la casualidad, entendidas como factores esenciales en el desarrollo de la vida de los seres humanos.El azar es, de hecho, el motor principal de su novela Un dulce olor a muerte, pues sólo a través del azar se explica que el personaje principal sea el primero en descubrir y atender el cadáver apuñalado de una joven muchacha con tan sumo cuidado que todos sus vecinos acaben por pensar que la fallecida es su secreta amada y que sus atenciones no son sino el preludio de su terrible sed de venganza. Así, la dependencia del “aquí” y el “ahora” llevan a un joven que vive sin más preocupaciones que sacar adelante su negocio a convertirse en el foco de atención de su pueblo, expectante y deseoso de sangre con tal intensidad que le lleva a creer que él realmente ha estado enamorado de la muerta y que, consecuentemente, es cuestión de honor que encuentre a su asesino y termine con él. La casualidad será la que lleve a los verdaderos implicados en el crimen a verse sorprendidos por la irrupción en la resolución y desenlace del misterio que rodea a éste de un individuo sin relación alguna con los hechos.La historia está ambientada en el ambiente rural mexicano, espacio menos literaturizado que el muchas veces estereotipado escenario capitalino del D. F. y lugar fronterizo en casi todos los sentidos. No sólo hay en él límites físicos, sino que existe también una brutal división entre las distintas formas de vida que en él se dan, plenamente contemporáneas algunas –aunque casi siempre de una contemporaneidad mal entendida- y ancladas en un pasado lleno de precariedad, limitaciones e ideas legendarias otras. Esa distinción, junto a la corrupción de las fuerzas del orden –paradigmático ejemplo de esa errónea concepción del mundo moderno-, es quizá la que lleva a los habitantes del mundo narrativo de Un dulce olor a muerte a pensar que el “ojo por “ojo” es la única forma de restablecer el status quo del pueblo, tremendamente alterado por el brutal asesinato de la muchacha.Bien escrita y mejor estructurada –el autor hace gala de oficio al utilizar con maestría y caer en el estereotipo mecanismos de intriga y suspense-, la novela servirá a los no iniciados a descubrir que tienen en el guionista de, entre otras, las películas de Alejandro González Iñárritu a un fantástico escritor. Para quienes ya conozcan las bondades literarias de Arriaga, Un dulce olor a muerte no es sino la confirmación que le sitúa en la cima de la mejor narrativa hispanoamericana del momento.

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