Aquellos contemporáneos que van camino de ser clásicos

4-mayo-2017
Noticias- XIII Edición

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Nadie sabe dónde puede esconderse un clásico, bajo qué aspecto se puede presentar. Nuestros clásicos, como bien dice el título del congreso de este año, habrán sido algún día también nuestros contemporáneos. Por ello hay que estar atento a las nuevas voces, escuchar lo que se cuece en la novela negra española, sus formas, sus propósitos, aquello de lo que se alimentará el canon del futuro. Esta tarde hemos tenido con nosotros a dos de las voces más destacadas de la ficción criminal española en la actualidad, el catalán Jordi Ledesma (Cambrils, 1979) y el asturiano Ignacio del Valle (Oviedo, 1971). Con ellos hemos compartido una charla en torno a la deriva del género, las motivaciones de la creación literaria y otros tantos aspectos de la nueva novela negra.

Tras recoger el V Premio de Novela Pata Negra por su libro Lo que nos queda de la muerte (2016), Jordi Ledesma ha defendido su apuesta personal en las tres novelas que ha publicado hasta la fecha por «contar la verdad a través de una historia ficticia». Autor también de las novelas Narcolepsia (2012) y El diablo en cada esquina (2015), el escritor ha señalado que en su última novela, ambientada en su Cambrils natal si bien esta no se nombra en el texto, pretendía hurgar en aquellos «lugares donde la burguesía se da la mano con el submundo». Ledesma ha recordado cómo se inició en la literatura con los libros del detective Flanagan, de Andreu Martín, y leyendo además todo lo que encontraba en la biblioteca de su abuelo. Admirador de autores como Juan Madrid o José Ángel Mañas, ha nombrado además a algunos de los escritores a los que le gustaría parecerse, como Antonio Soler, Rafael Chirbes, Miguel Delibes o Jim Thompson.

Ha tomado después la palabra Ignacio del Valle, quien primero de todo se ha encargado de recordar a los directores del congreso que no estaría mal que el Premio Pata Negra incorporara un «accésit con un lomo siquiera». El creador del detective Arturo Andrade, cuya última novela es Soles negros (2016), ha apuntado que el género negro ha ido asimilando todo tipo de formas, creando «un artefacto híbrido e impuro que permite hacer diagnósticos sobre la realidad». Lector de literatura gótica en su juventud, afirmó que este afición le ayudó a «aprender a valorar lo extraordinario en lo ordinario», descubrir aquellos demonios que yacen «bajo la corteza de lo civilizado». Acto seguido, dibujó una antropología del malo arquetípico en la ficción, detallando algunos de sus rasgos ideales como su inteligencia, carisma, saber morir sin razón, tener criterio, a ser posible ser guapo, demostrar algún momento de debilidad, ser malo hasta el fin del fin, decir las verdades que el bueno no debe contar y, de esta forma, con todas sus maldades, ser sádico o perverso pero terminar cayendo bien.

A continuación, Jordi Ledesma ha recalcado la importancia de la construcción de las voces en su narrativa, adoptando un punto de vista que en ocasiones le posibilita justificar la forma en que el personaje conoce los hechos. Algo que en su última novela se plasma en la voz principal que le permite hablar «de los oprimidos que quieren ser opresores». A su vez, Ignacio del Valle, a quien en ocasiones se ha catalogado como autor de novela negra histórica, ha dicho que hasta pasados los cuarenta no empezó a reflexionar sobre ello. El escritor ha afirmado que solo empezó a «leer novela policiaca» cuando le dijeron que sus novelas lo eran. Además, ha confesado que han tenido más influencia en su obra los «mecanismos y técnicas del cine».

Sobre el oficio de escritor, Jordi Ledesma ha recordado su paso por toda una serie de trabajos, desde la construcción hasta la hostelería y la carpentería, experiencias que le han permitido tener un buen oído para captar «las voces e identificar el mundo real». El narrador catalán también ha recalcado lo fundamental que resulta «el proceso de reescritura». Por su parte, Ignacio del Valle ha insistido en la necesidad de trabajar «catorce horas al día» pero, al mismo tiempo, ha defendido la existencia de instantes epifánicos y oníricos que pueden convertir un buen libro en una obra maestra, citando los casos de escritores como Francis Scott Fitzgerald o Cormac McCarthy.

Autores disímiles pero con un fuerte arraigo en las principales dinámicas de la literatura actual, Jordi Ledesma e Ignacio del Valle han charlado acerca de la obsesión que se oculta tras toda novela así como de las «presiones subliminales de las editoriales» para que los escritores repitan fórmulas de éxito. Mientras las tres novelas del escritor de Cambrils pueden ser consideradas fruto de un universo de la supervivencia, en la obra del narrador de Oviedo descubrimos a un romántico como Andrade que transita de las cloacas del franquismo a la innegable épica de la División Azul. Jordi Ledesma e Ignacio del Valle son contemporáneos que entienden la novela negra como un marco idóneo para canalizar las ideas sobre su tiempo y el pasado, escritores que el tiempo dirá si un día alguien leerá como clásicos.

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