Arquitectura, periodismo y conspiración

11-abril-2011
Sin categoría- VII Edición

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Eduardo Obrado, Tomás Regalado, Elena Losada y Cynthia Schmidt-Cruz

Arquitectura, periodismo y violencia política han sido los tres principales temas tratados en la mesa “Realidad y ficción criminal”, donde han confluido distintos estilos de aprovechar lo real para convertirlo en relato literario. Eduardo Obrado Mancholas, de la Universidad de Cantabria, ha hablado de los tower blocs, enormes construcciones inglesas de vivienda social, a través de novelas de  Ian Rankin, William Boyd y  Graham Hurley. Elena Losada Soler, de la Universitat de Barcelona, ha analizado el controvertido asunto de Enriqueta Martí, “la mala mujer”, “la vampira de la calle Poniente”, desde el discurso periodístico y el de la ficción contraponiendo las crónicas de la época (1912) y las recientse novelas dedicadas al personaje. También trabaja sobre las obras con formato de periodismo de investigación Cynthia Schmidt-Cruz, de la Univesidad de Delaware, en concreto las novelas negras argentinas escritas por Tomás Eloy Martínez, Rubén Correa y Marcos Aguinis, ambientadas en los años 90 que denuncian la corrupción institucional durante la administración de Carlos Menem. Tomás Regalado López, de la James Madison University, trae también tres obras de ficción de Jorge Volpi, Elmer Mendoza y Heriberto Yépez, sobre el asesinato en Tijuana (México) el 23 de marzo de 1994 de Luis Donaldo Colosio, candidato del PRI y favorito en las encuestas para proclamarse presidente del Estado en las inminentes elecciones. Teorías conspiratorias, cabezas de turco y una sospecha generalizada de corrupción siguen latentes en el caso.

Los tower blocs ingleses son, en palabras de Eduardo Obrado, “ el lado más oscuro de la ciudad y son un recordatorio permanente de sus disfunciones”. Enormes bloques construidos a partir de la posguerra y hasta los años setenta para aliviar las necesidades de vivienda social, cuando se calculó que tras los bombardeos alemanes harían falta unos dos millones de alojamientos, en lugar del hasta ese momento extendido modelo de la “ciudad jardín”. Inspirados en el racionalismo moderno de Le Corbusier, la utopía habitacional del arquitecto e intelectual suizo, formulada como “las calles en el cielo”, ha acabado convertida en elementos que en su conjunto aparecen como tumores de la ciudad y que acogen estrechos recovecos propicios para todo tipo de delincuencia y, lógicamente, para la novela negra. Obrado ha realizado un muy detallado repaso por estas construcciones: Divis Tower, en Belfast, cuyos dos últimos pisos fueron utilizados como observatorio por el ejército británico; Ronan Point, en Londres, donde Stanley Kubrick ambientó algunas escenas de la violenta La naranja mecánica; Park Hill State, en Sheffield, bautizado por sus moradores como San Quintín; Trellick Tower, en Londres, ya dentro del estilo del Brutalismo y erigido por el arquitecto Erno Goldfinger, quien es posible que diera nombre al villano de una de las películas de 007… Arquitectura generadora de violencia, construida con materiales pobres, símbolo de lo peor del Estado de Bienestar, muchas veces denominados con nombres literarios, “quién sabe si por edulcorar la realidad o como expresión del cinismo de sus constructores”. Ian Rankin observa en su novela Fleshmarket close que son viviendas construidas con “madera de balsa y papel couché, donde puedes oir cómo se corta las uñas tu vecino”. Ordinary Thunderstorms, de William Boyd y Angles Passing de Graham Hurley, también ambientan sus novelas en estas torres.

El caso de Enriqueta Martí, la asesina que secuestraba niños a los que nadie echaría de menos para proporcionar sangre y grasa “puras” a los ricos enfermos de tubercolis, convocó en el discurso periodístico de la Barcelona de 1912 todos los mitos de arrabal: el hombre del saco, el sacamantecas… Las crónicas la pintaron como una vampira, pero las pruebas forenses desmintieron que los restos hallados en su casa fueran humanos. Se trataba entonces de otro caso de proxenetismo infantil, pero ya sin las connotaciones vampíricas. Su muerte en la cárcel un año después pasó sin pena ni gloria por las páginas de los periódicos, y se especula que pudo ser asesinada por cuenta de alguno de los miembros de la alta sociedad que habían frecuentado su burdel. Elena Losada Soler ha analizado los discursos de la prensa de la época, poniendo el foco en cómo se construyó la imagen de la “mujer monstruo”. Luis Antón del Olmet escribió en las páginas de ABC crónicas siguiendo el estilo del folletín, con recursos literarios como la interpelación al lector o la hipérbole. Mientras, La Vanguardia hacía un reflejo mucho más comedido de los datos que revelaba la investigación. Casi un siglo después, la figura de Martí ha vuelto a suscitar el  interés, con cuatro novelas publicadas en los últimos años. Losada se centró especialmente en El misterio de la calle Poniente, de Fernando Gómez, bastante cercana al estilo periodístico, con un narrador diferente en cada capítulo y en la que asume la hipótesis vampiresca, pintando a una Lady Macbeth moderna. Marc Pastor ganó en 2008 el premio Crims de tinta por su obra La mala mujer, donde introduce el matiz de los estereotipos de género, jugando con el mito de la mujer ogro, todo narrado por un original personaje, la muerte, pero esta vez con una voz masculina. El cielo bajo los pies, de Elsa Plaza, es, a jucio de Elena Losada, la más compleja interpretando al personaje, e introduce una interesante reflexión: quizá era más tranquilizador crear un monstruo a ojos de la sociedad que preguntarse quiénes eran realmente los clientes de esa “media señora” que traficaba con niños para fines sexuales. Nada quedó claro en el caso Martí, pero Losada afirma que hay algo obvio: “o era la mayor asesina en serie o era como un fármaco, el veneno y a la vez el antídoto para el mal de la sociedad”.

El periodismo también es la base de trabajo de la intervención de Cynthia Schmidt-Cruz, en este caso varias novelas ambientadas en la argentina de los años noventa, en medio de un panorama de crisis económica y corrupción de los responsables de la administración. El vuelo de la reina, de Tomás Eloy Martínez, y El muerto indiscreto, de Rubén Correa, exponen y denuncian la realidad política y la manipulación del poder, y Asalto al paraíso, de Marcos Aguinis, trata sobre los todavía sin resolver ataques terroristas contra objetivos de la comunidad judía de Buenos Aires. Las tres se inscriben en esa corriente realista-denuncia, una de las principales vías de la novela negra, especialmente en América Latina. Estamos ante casos en los que el periodista toma el papel clásico del detective, y como en la mejor tradición, sufrirá reveses que le harán darse cuenta de la prevalencia de la injusticia y la impotencia para enfrentarse a ella, cerrando un círculo que solo se quiebra con más denuncia. Cynhia ha puesto énfasis a la hora de estudiar estas obras en cuestiones bastante determinantes a la hora de enfrentarnos a la lectura de este tipo de novelas-denuncia, y a las propias del ejercicio del periodismo. Una sería la relación que existe entre la denuncia del escándalo y el sentido de la oportunidad para la carrera del periodista, y de cómo algunos de esos protagonistas utilizan fines ilícitos para obtener la información que precisan, cuestionándose así la ética periodística. El tirón comercial del suspense literario es también un factor que induce a una paradoja: está la denuncia y está el mercado, se descubren hechos, pero se reproducen los mecanismos del sistema capitalista. “La impureza existente en todo empeño humano”, es la frase con la que la profesora ha cerrado una ponencia que nos hace cuestionarnos nuestro papel como lectores.

La teoría de la conspiración, la corrupción política, la pérdida de legitimación de los poderes públicos, la sociedad esquilmada… Estos temas confluyeron en forma de bala en la cabeza de Luis Donaldo Colosio el 23 de marzo de 1994 en el barrio de Lomas Taurinas, en Tijuana, México, a un paso de la frontera norteamericana. Tomás Regalado López ha narrado cómo el candidato del PRI (Partido Revolucionario Institucional) fallece y es arrestado un trabajador de la maquiladora, Mario Aburto Martínez, como único responsable de los dos disparos que le causaron la muerte. ¿Crimen de estado o locura personal? Las teorías se disparan al poco tiempo: si hubo un segundo tirador, si recibió un tiro de gracia en la ambulancia, si estuvo implicado el PRD, si se puso en marcha una segunda conspiración para ocultar las pruebas de la primera. La Policía Federal ha llegado a reconocer a tres personas distintas como Mario Aburto… De fondo, en esa “dictablanda” o “dictadura perfecta”, como se ha llegado a denominar al gobierno del PRI en México, había poderosos rivales (Camacho, en alza tras su gestión del conflicto zapatista) e intereses. Tomás Regalado ha analizado el caso partiendo de tres novelas recientes de autores mexicanos. Jorge Volpi en La paz de los sepulcros cambia los nombres del caso, pero analiza los sobornos, la omnipotencia presidencial y el carácter de muerte política de Colosio. Elmer Mendoz en Un asesino solitario equipara la élite del poder a la mafia, con la consecuencia de la pérdida de legitimación política. Heriberto Yépez, con A.B.U.R.T.O., se centra en el asesino formal, Mario Aburto, en su entorno existencial, un obrero de la maquiladora, al que no se ha querido prestar atención ni en otras narraciones ni en el discurso periodístico. Regalado saca algunas conclusiones: jamás conoceremos la verdad, pues el Estado actúa a la vez como protector y verdugo; el valor de la literatura como catarsis de trauma colectivo y medio de crítica social; y la profunda crisis social y política de México, un país del que ya Guzmán dijo en 1929 que “todos los presidentes de hacen a balazos”.

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