Alfons Cervera: disparen contra el olvido

22-marzo-2012
Sin categoría- VIII Edición

Compartir

Alfons Cervera entre Àlex Martín y Javier Sánchez Zapatero. Foto de Chelo Rozas

Hubo un momento en el que la novela negra fue un refugio: libros difíciles de encontrar, historias de perdedores, antihéroes luchando por mantener unos principios en una sociedad corrupta, decisiones que se toman para siempre, claroscuros, la sensación de saber quiénes son de los tuyos, aprender a identificar la retórica y la voz del enemigo. Había un mundo oculto marcado por la violencia –tan estructural como siempre ha sido– y la novela negra lo ponía por escrito con mucho más alcance que pretensiones. La literatura de Alfons Cervera (Gestalgar, Los Serranos, Valencia, 1947 –narrador, periodista, poeta– ha transitado por caminos memorialistas, dando voz a los que perdieron, una voz espléndida, como pudimos comprobar ayer en la sesión de tarde del congreso.

Cervera se hizo una foto con una pistola medio de juguete y luego apuntó y disparó sobre el panorama de sobreabundancia de la novela negra actual. Y de alguna manera, de su debilitamiento. El título de su charla –»¿Por qué dejé de leer novela negra?»– suponía una provocación en un congreso como este, pero en realidad su discurso fue un encendido elogio del género tal y como él y muchos de nosotros lo hemos conocido: como algo ligado a la memoria y a la Cara B de lo real. «El género me enseñó a saber donde está lo mejor y lo peor de eso que llamamos lo humano», dijo.

Fue uno de los pioneros de esa narrativa que ahora se ha etiquetado como «memoria histórica», y reconoce en Juan Marsé como su principal referencia en este sentido. » Es un poco tontería llamar a un género «de la memoria», como si hubiera alguna novela que no viniera de ahí. Pero había que nombrar de alguna manera la memoria histórica cuando se puso de moda. Fue creciento el interés y ahora hasta un chivato de los GRAPO como Pío Moa se ha puesto a reescribir la historia de este país». «¿Beneficia al sobreabundancia de títulos la mejor comprensión de esa historia que contamos? Tengo mis dudas, pero adelanto que ese batiburrillo ayuda poco a llegar a su propia esencia. Me sigo haciendo esa pregunta, ¿es bueno o menos bueno?, porque malo no vamos a decir… Es importante que sepamos lo que vamos a leer».

Con esa sobreabundancia en el punto de mira, trasunto de la pérdida de referencias, la banalización del género, sus desertores y sus advenedizos, Alfons Cervera leyó un relato escrito para la ocasión, crónica de su alejamiento de la novela criminal, donde incrustó opiniones, descubrimientos, escritores sagrados, joyas ocultas, corrupciones políticas poco novelables y la sensación de que, para él, no todo vale. Bienvenidos a la vieja escuela.

Un relato donde los libros negros actuales le persiguen con los brazos extendidos como los zombis de una película, que salen de una librería-carnicería llena de cadáveres colgando de ganchos. El resultado es la angustia y salir huyendo, sin comprar ni robar nada, con la seguridad derrumbada. «Están esos nuevos detectives queriendo ser los reyes del mambo, como aquellos de siempre con sus luces y sombras, que también las había, porque ese individualismo, ese ser el mejor… vehiculaba una ideología muy determinada. El género me enseñó a saber donde está lo mejor y lo peor de eso que llamamos lo humano. Ahora pasan por novelas negras obras con adorno de florecillas que solo debían servir para aupar al autor por el ascensor para el cadalso. Está el que abandona el género para obtener un supuesto mayor reconocimiento y está el que se abona a esa estrategia del suspense».

En ese relato, el autor tuvo que leer por trabajo una buena pila de novedades. Y terminó refugiándose en esa trinidad de la novela negra en español, las editoriales Bruguera, Júcar y Camino. «Es difícil aceptar que surgen miles de escritores y que encima muchos son genios, algo que se da también en la «otra» literatura: autor nuevo que ficha por gran editorial se convierte automáticamente en genio».

«No he leido a Larsson, pero me lo se de memoria. Cientos de personas con los libros forrados, con papel resistente, como si no fueran a leer jamás otro libro», dice el protagonista del relato. Lejos de las latitudes nórdicas, relata uno de sus intuitivos encuentros con la literatura que te cambia la vida: «El instinto me llevó a leer a Jean-Claude Izzo. Una portada negra satinada de la editorial Akal, Total Keops. Uno de los autores que más he amado, con Marsella como paisaje moral y un cansancio planetario asentado en el comisario montale que parece condensar el de Spade, Marlowe y Maigret juntos. Apuesto por un apasionado espíritu de aventura para el lector, no fiarnos de nadie, ni de amigos ni de suplementos de periódicos, y descubrir el que puede ser el libro de tu vida guiado por la intuición».

La novela negra mancha, como la vida en el título de la película de Enrique Urbizu. «Hay muchas novelas que juegan demasiado con el suspense, con las claves enigmáticas, una filigrana victoriana para que el lector encaje el puzle sin sobresaltos. Por el contrario, me acuerdo de aquellas novelitas de a duro, que eso costaban en el quiosco, de cien páginas, que enseñaron a leer en casas donde no había otros libros, casas como la mía: Silver Kane, Curtis Garland… Leyendo recientemente El último caso, vi en su final algo parecido al inicio de la novela Joc Brut, del magnífico Manuel de Pedrolo. Y me preguntaba donde está la dignidad de la escritura, seguramente en la parte más ínfima de la génesis del género».

«Si no se pica carne no hay hamburguesas, decía Ray Williams, el primer detective de novela criminal, el primero que deja ver las pistolas. Hay que hacer hamburguesas, y encontrar lo que en el fondo está en toda novela negra: el asesino mata, y el detective tiene que saber por qué lo hace y qué hacer cuando lo encuentre».

Alfons Cervera conoce bien los entresijos de la trama Gürtel, cuyos artículos publicados en el diario Levante ha recopilado en un libro. Ahora ya no escribe para el Levante, una muesca más en la uniformización de la opinión periodística al servicio del poder económico y político, que en ciertos casos viene a ser lo mismo. «Una advertencia para posibles escritores: los tiemos chorizos que vivimos en España son los menos propicios para narrarlos. Alguien te dice, que gran novela hay en esa corrupción valenciana. Creedme, es imposible, ninguna novela conseguiría reproducir con credibilidad esa estructura política de corrupción, esos personajes, el hombre que no pagaba los trajes, el adalid del pijerío Ricardo Costa, El Bigotes, ese hombre que mezcla en una sola persona a la marquesa de Merteuil, al vizconde de Valmont a Esperanza Aguirre y Alatriste. Ni maestros del diálogo como Juan Madrid o Raymond Chandler podrían inventar unos diálogos como esos, esas conversaciones telefónicas… mejor escribir esto cuando pase mucho tiempo».

La mirada de Alfons Cervera llega más allá y es consciente de que en las cercanías de la lógica de su discurso acecha peligrosamente la melancolía: «Cuidado con caer en el territorio complejo de la melancolía. Cuidado con esa palabra». Contra ella, siempre se puede escribir una frase bella y marcharse a una partida de juego de rol en vivo, a descubrir nuevas o viejas series en una ponencia de un congreso y a seguir mirando la vida con la curiosidad del periodista y la profundidad del que ha conocido lo mejor y lo peor de lo humano.

Universidad de Salamanca
Salamanca, Ciudad de Cultura
Letras Corsarias
Facultad de derecho
Renfe
Avanza
Asociación de Novela y Cine Negro
Facultad de Filología de la USAL
Plaza de Anaya, s/n
37008 Salamanca
prensacongreso@gmail.com
Diseño de logotipo, carteles e imagen corporativa del Congreso:
Christian Martino Bennasar
Diseño de web:
David Boyero